
DE - LIRIOS
En un contexto donde se impone el concreto y van desapareciendo las áreas verdes, siéntase afortunado si usted dispone de un jardín, por pequeño que sea. Si es así, estimado lector/a, le daré un consejo: plante una “Dama de la noche”, arbusto extraordinario que brota desde México hasta Sudamérica.
Hace un tiempo, circuló una noticia en la que se comentaban los resultados de una encuesta a nivel mundial y donde Bolivia figuraba entre los países más infelices del mundo. Más allá del escepticismo que abrigan tales generalizaciones, llamó mi atención una de las preguntas formuladas con el objetivo de reconocer “experiencias positivas” en los entrevistados: “¿Fue tratado con respeto durante todo el día de ayer?”
Caray, suena a pregunta simple, vital, sencilla, casi obvia. Entonces, ¿se atrevería a responder?
Una de las mediaciones antrópicas que influyó determinantemente en otro ser vivo es lo que el ser humano hizo con el lobo: de un ser extraordinario, independiente, poderoso, libre, fue moldeándose el perro, sumiso, dócil, complaciente, demasiado dulce.
Parece chiste o broma macabra. Cual si fuera un retroceso a los tiempos de la irracionalidad e ignorancia oscurantista que, se supone, la humanidad ya superó, en pleno Siglo XXI miles de personas se declaran seguidoras de una nueva “teoría conspirativa” que asegura que la Tierra es plana. Mientras tanto, una encuesta del Foro Regional reveló que uno de cuatro adultos del eje urbano metropolitano en Bolivia cree que el Sol gira alrededor del planeta y más de la mitad de los encuestados no ubica la teoría de la evolución. ¿Qué diablos está sucediendo?
Es para largarse a llorar. Basura regada por doquier, árboles dañados, ornato público destruido. ¿Cómo es posible que ese sea el legado del Corso de Corsos, el más importante festejo del Carnaval cochabambino, todos los años?
Leí un artículo firmado por Josh Nonnenmocher. Narraba que en una estación de metro de Washington D.C., un violinista tocó magistrales composiciones de Bach por 45 minutos. Sólo seis personas, de miles que pasaron, se detuvieron a escuchar. Otras más, se limitaron a tirarle monedas, pero sin mayor cuidado. Y los niños, más predispuestos a dejarse llevar por el sublime sonido, fueron jalados implacablemente por sus afligidos y veloces progenitores.
Autoridad disculpándose por la “terrible falta” de ostentar doble nacionalidad. Funcionaria pública vilipendiada socialmente por nacer de madre chilena. ¿Captamos la masiva sordidez xenófoba de buena parte de las reacciones que destapó el asunto de que la Presidenta del Senado tenga ascendencia y nacionalidad chilena?

