
DE - LIRIOS
Mi admiración y respeto al colectivo feminista “Las Tesis” de Chile. Su canción de claridad política contundente, sumada a una puesta en escena de baile irreverente, dieron la vuelta al orbe. Hoy mujeres de todas partes cantamos “Un violador en tu camino” en diversos idiomas. Eso es un síntoma más de que entramos a una era en la que la acción colectiva, directa, espontánea y autoconvocada se convierte en protagonista gracias a la libertad interconectada de las redes sociales.
Memoria 1
El primer gobierno del MAS implicó la consolidación de adelantos importantes que iban más allá de un partido. La búsqueda era un Estado inclusivo, descentralizado, que superara los lastres feudales, y anclado en el reconocimiento de la diversidad boliviana. Eso se tradujo en la Asamblea Constituyente y en la configuración del Estado Plurinacional.
Somos hijos de la guerra. Estudiosos aseguran que la guerra es una característica del Homo sapiens. Los filósofos se duelen preguntándose si la guerra es la contraparte trágica del conocimiento. Lo cierto es que los Estados-nación que aún rigen los sistemas políticos actuales son vástagos de ella. Entonces, al pertenecer a culturas guerristas, tenemos muy insertada en nuestra médula colectiva la escalofriante premisa de Maquiavelo: El fin justifica los medios.
Una canción de Vinicius de Moraes dice: “La tristeza no tiene fin, la felicidad, sí”. Más allá de los laberintos de las subjetividades, se aplica ello a colectividades rotas como las latinoamericanas. Justamente, la canción ambientaba una dura película llamada “Orfeo negro” que, con belleza sobrecogedora, daba cuenta de la terrible desigualdad e injusticia social en Brasil.
Lacerante verdad. América Latina (¿y qué lugar del orbe no lo está?) está fundada sobre el encuentro de varios “mundos” que significó el sometimiento, la esclavización y el genocidio de pueblos diversos. Nuestras formaciones sociales no son hijas del amor o del deseo, sino del abuso y la violación. En consecuencia, arrastramos un pasado que –recuerda Gonzalo Vásquez– duele en cada herida.
Durante el Siglo XIX, el paradigma de “civilización versus barbarie”, marcó la retórica y praxis política dominante en América Latina. Si bien trajo como beneficios reformas educativas y fomento de las artes en el sentido iluminista, en la mayoría de los países eso se quedó en demagógicas intenciones. En realidad, el corolario inmediato de tal concepción fue el crecimiento disímil de las grandes urbes frente a las comunidades rurales, lo que cimentó las estructuras profundamente desiguales que caracterizan a la región.
Del Brasil me enamoré en la niñez, debido a que tuve la suerte de crecer entre los discos de vinilo de mi padre, la afición por las novelas televisivas de mi madre y la diversa biblioteca familiar.
Lindo es tu nombre, abuelita, remite a bichitos de ensueño. José María Arguedas aseguraba que los grillos eran “visitantes de la parte encantada de la Tierra”. Su apacible sonido, capaz de embellecer la calle más fea (que las hay muchas), confirma esa poesía.
Con regularidad de pesadilla, todos los años es lo mismo. Todos los años se sabe que por agosto Bolivia será devastada por el fuego. Entonces, ¿no es una grosería que no exista una mínima política pública preventiva, una escasa manifestación de institucionalidad que haga frente y, en lo posible, evite desastres anunciados? ¿O será que, en el fondo, se “tolera” estos incendios porque los reales propósitos buscan asolar bosques para reemplazarlos por aquello que engorde a usureros de la tierra?
¿Recuerdan aquella famosa imagen en la que Hugo Banzer aparece secundado por Víctor Paz Estenssoro del MNR y Mario Gutiérrez de la FSB?

