Los bonos soberanos
Ha causado sorpresa el anuncio de la invitación del Gobierno a que los inversionistas efectúen ofertas para la compra y canje de los bonos soberanos que tienen vencimientos en 2022, 2023 y 2028.
Se trata de títulos obligacionales por un monto global de 2 mil millones de dólares, si se toman en cuenta las emisiones de 2012, por 500 millones de dólares, a una tasa de 4,9 por ciento; de 2013, por otros 500 millones de dólares a una tasa de 5,9 por ciento, y de 2017, por mil millones de dólares y a una tasa de 4,5 por ciento. Todas las emisiones tienen un plazo de 10 años.
En 2012, con la primera serie de bonos soberanos, el país retornó al ámbito bursátil internacional después de casi un siglo y tal colocación fue celebrada como un gran acontecimiento. No es usual que Bolivia figure entre los actores de los grandes mercados financieros, pero en las primeras décadas del anterior siglo contadas empresas mineras y los Gobiernos de entonces solían recurrir a los mercados de capitales y de deuda como una eficiente alternativa a la banca para financiar sus actividades productivas. Es inolvidable, por ejemplo, aquella célebre y audaz operación bursátil, un take over, mediante la cual el industrial minero Simón I. Patiño compró acciones en la Bolsa de Santiago para tomar el control de La Salvadora, en Llallagua, uno de los mayores reservorios estanníferos del orbe.
En un mercado de valores, se suelen negociar acciones o capital, que son títulos de renta variable, pero también bonos, que son obligaciones de renta fija; las primeras implican un mayor riesgo para el inversionista, pues todo depende de la buena gestión y rentabilidad de la empresa, en tanto que los bonos se parecen más a un crédito bancario, pues a la fecha de vencimiento quien los ha emitido tiene que devolver o pagar el capital más una tasa de interés a quien ha invertido en esos papeles; en consecuencia, hoy Bolivia debe devolver a los compradores de bonos, hasta 2028, un monto global de 2 mil millones de dólares más los intereses comprometidos.
Los analistas financieros han afirmado que, sin liquidez, el Gobierno se ha visto forzado a ofrecer bonos a una tasa más alta; en términos financieros, es lo que se conoce como el “bicicleteo” de una deuda: se contraen nuevas obligaciones, incluso con mayor costo financiero, para pagar las anteriores. No honrar el pago de esos bonos soberanos equivale a caer en default.
Lo curioso es que la deuda contratada mediante las tres emisiones de bonos soberanos corresponde a los gobiernos de Evo Morales, que contaron con ingresos extraordinarios por el superciclo de precios internacionales para las materias primas, elevadas reservas y una calificación de riesgo país inmejorable. Los bonos soberanos han elevado el monto de la deuda externa y la ampliación para pagar esos papeles de renta fija podría caer como una obligación difícil de cumplir para futuros gobiernos. Además, ¿en qué se ha invertido el monto recaudado por la venta de los bonos? Aquí se abre un espacio para la buena investigación periodística.





















