Hidroponía para el cultivo intensivo de forraje en viveros
Hace poco más de dos décadas, Enrique Canelas Tardío, uno de los propietarios de Hacienda Angostura, iniciaba en Cochabamba una cruzada visionaria con miras a cultivar forraje hidropónico en un vivero (FVH) experimental para obtener alimento “en bandejas”, los 12 meses de año, para sus vacas lecheras.
Entonces, aún la laguna del valle alto embalsaba buenas cantidades de agua y los terrenos producían en determinados meses: alfalfa, maíz, cebada, avena, trébol, pasto y otras variedades verdes que le permitían complementar la dieta del hato de 270 cabezas de ganado Holstein y Jersey que tenía produciendo más de mil litros de leche diarios.
“Logramos obtener entre 25 a 30 centímetros de pasto en apenas 12 días”, recuerda orgulloso.
Canelas explica que el sistema era muy sencillo: remojaba las semillas en turriles, luego las extendía en las bandejas a razón de medio centímetro de espesor aproximadamente, y las dejaba reposar a una temperatura cálida lograda por el efecto del sol y el plástico que cubría el vivero. El riego, por goteo, humidificaba cada charola, que luego era repartida al ganado como un manjar exquisito.
“Fabricamos bandejas de madera y las forramos con planchas de aluminio y zinc que reciclamos de las placas del periódico”, explica. También usaron postes de eucalipto y estantes de fierro de construcción para sostener las charolas, además de mangueras plásticas.
BATALLAS
Pese al exitoso experimento, Canelas dejó de lado la hidroponía para volver a la siembra tradicional, dado el alto costo de la cosecha intensiva de hace 20 años, lo dificultoso que le resultaba controlar algunos brotes de moho en las raíces de las plantas y, sobre todo, pensando que el clima de Cochabamba permitía un manejo integral de los cultivos “porque las estaciones del año eran más marcadas”.
Hoy, el cambio climático azota varias zonas del Departamento y los agricultores enfrentan, además, la desertificación de los suelos, sequías y la expansión de una mancha urbana forzada por avasalladores de tierras que se asientan sin control, arrasando las zonas cultivables y poniendo en riesgo a la seguridad alimentaria.
El rubro lechero es el más afectado. Granjas conocidas como la de José María Bakovic, Andrés Ruric, o Mario Mercado, por solo apuntar algunas, declinaron en la productividad y buscan alternativas a la crianza de ganado, en desmedro de la lechería.
“Antes de la pandemia de Covid-19 Cochabamba producía más de 600 mil litros de leche al día que procesaba la Planta Industrializadora de Leche, PIL Andina; hoy no pasamos de los 300 mil litros”, dice Mario Mercado, Gerente de la Asociación de Criadores de Ganado Holstein-Bolivia (Acrohobol).
Viveros, ¿la alternativa?
Canelas soporta el embate de los avasalladores, cierre de acequias y tapado del canal de riegos departamental, y pese a la pérdida de medio centenar de vacas los últimos dos años, sigue apostando a la producción lechera, que considera la vocación de su vida.
“Prácticamente no tenemos comida cultivada y estamos pasando el día a día con mucho esfuerzo. Seguimos entregando leche a la PIL y esperamos que la reimplementación del vivero hidropónico nos permita la reactivación total de la lechería”, dice esperanzado.
ECOGRUPO, LA ESPERANZA
El vivero de forraje hidropónico de la Hacienda Angostura se reconstruye gracias al apoyo de EcoGrupo, que reacondiciona las instalaciones bajo un esquema que aplica a escala nacional.
“Llevamos ocho años en la instalación de sistemas de riego tecnificado, incluyendo la construcción de viveros. Y cuatro años produciendo alimentos orgánicos y ecológicos”, dice el gerente de EcoGrupo, César Terrazas, quien implementó viveros en Santa Cruz y Warnes; y en Cochabamba, en Sacaba y Colcapirhua.
Su visión empresarial impulsa una cadena de negocios vinculados, amigables con en medioambiente, en los que recicla plásticos para convertirlos en tuberías, mangueras de riego, bolsas, mallas para caminos y carreteras, entre otros implementos.
Es uno de los pocos grupos empresariales bolivianos que cumple con las tres R de responsabilidad circular con los ecosistemas: reducir, reutilizar y reciclar.
VIVEROS
Además de impulsar los viveros hidropónicos para forraje, produce alimentos 100% orgánicos.
En función del objetivo de las granjas se emplean semillas de diversas variedades forrajeras que van desde el engorde de ganado, mantención del peso o producción lechera, entre otros.
“Por lo general se germina más pasto, maíz, alfalfa, avena y cebada”, explica Carlos Alberto Quimpe G, ingeniero agrónomo de EcoGrupo, especialista en cultivos hidropónicos.
Alternativamente, la producción de 1 kilo de FVH requiere de 2 a 3 litros de agua con un porcentaje de materia seca que oscila, dependiendo de la especie forrajera, entre un 12% a 18%, explica el especialista.
Asímismo indica que el proceso de germinación se lleva a cabo en un periodo que dura entre siete a 14 días, en los que la finalidad es que el germinado pueda no solo captar la radiación solar sino que también los brotes asimilen los minerales que pueden ser suministrados en una solución nutritiva.
CONSUMO
Normalmente se suministra menos de 12 y máximo 14 kilos diarios de FHV por vaca, dice Canelas, ello porque la dieta alimenticia del ganado no solo se basa en fibra verde, sino en granos o cereales, fibra seca, sales minerales y otros insumos que permiten la adecuada mantención y productividad, tanto para cabezas de ganado lechero como cárnico.
La elección de alimentos “se da además por el tipo de cultivos disponibles en cada zona”, recalca, por lo que considera que la aplicación de cosechas de forraje verde hidropónico se convierte en una excelente alternativa para aplicar en Cochabamba.
“Actualmente las granjas locales adquieren más del 80% de alimentos del interior del país, especialmente de Santa Cruz”, indica el presidente de la Cámara Agropecuaria del de Cochabamba, Rolando Morales.
“Un rollo de pasto de 300 kilos en el Oriente boliviano vale 120 bolivianos; puesto en Cochabamba más de 300” apunta Canelas, lamentando que no exista un incentivo a la agropecuaria.
“Contactar a EcoGrupo ha sido de gran ayuda para nosotros porque no solo nos apoyan a rearmar el vivero, sino que nos han estado proveyendo de bandejas de forraje ya durante varios meses, en calidad de donación”, dice Enrique Canelas.






















