Una ciudad de contrastes y sorpresas
¿COCHABAMBA ES UNA CIUDAD MODERNA O UNA TIERRA QUE MANTIENE SUS TRADICIONES? ¿SE PUEDE HABLAR DE UNA URBE DEL SIGLO XXI? ¿CÓMO SE HA CONFIGURADO LA IDENTIDAD COCHABAMBINA? ES MÁS, ¿HAY UNA IDENTIDAD REGIONAL? MUCHAS PREGUNTAS SOBRE UNA REALIDAD IGUALMENTE COMPLEJA.
No es fácil definir a Cochabamba y a los cochabambinos con una sola palabra ya que la historia de este hermoso paraje está llena de complejas interrelaciones. Lo apropiado sería, tal vez, decir que la Llajta es una ciudad de contrastes y sorpresas, y con una identidad mestiza o, como se dice ahora, intercultural, a decir de los investigadores Humberto Solares y Mauricio Sánchez.
Cochabamba fue fundada dos veces por órdenes del virrey Francisco Toledo. La primera, a cargo de Gerónimo de Osorio el 15 de agosto de 1571 en la zona de Las Cuadras, con el nombre de Villa de Oropesa; y la segunda, ejecutada por Sebastián Barba de Padilla, el 1 de enero de 1574, en el lugar que hoy es la plaza 14 de Septiembre, según datos del destacado historiador José Macedonio Urquidi. La primera de estas fechas es la que se reconoce oficialmente.
Desde ese momento hasta nuestros días han pasado 445 años. Pero ya desde antes, el valle de Kanata mantuvo en sus tierras una diversidad de poblaciones precoloniales: aymaras, kanas, pero sobre todo quechuas. Con la llegada de los españoles en el siglo XVI se dio impulso a un proceso de mestizaje que germinó lo que es la Cochabamba de hoy.
Desde 1776, Cochabamba perteneció al Virreinato del Río de la Plata y antes de ella estaba bajo el mandato de Lima.
Para el Siglo XVIII, la estepa cochabambina tenía un pequeño núcleo urbano rodeado de extensas áreas en las que predominaba el paisaje rural. La ciudad tenía unas seis o siete cuadras alrededor de la plaza y contaba con unas 22 mil almas, según el historiador Gustavo Rodríguez Ostria.
En el siglo XIX, la urbe creció hasta la plaza Colón y El Prado –La Alameda en aquél tiempo–, la producción de granos seguía siendo el eje económico.
Con la Revolución del 1 de septiembre de 1810 y la posterior consolidación de la República, en 1825, la fisionomía social y económica de Cochabamba no cambió mucho. Las relaciones entre clases –criollos, mestizos, e indígenas– se mantuvieron inalterables, pasando los criollos a ser ahora la laya dominante.
Si bien el agro cochabambino se mantuvo con altibajos durante gran parte del siglo XIX, la Guerra con Chile significó la ruina. Se perdió grandes mercados en el altiplano y los productores se dieron cuenta tarde de lo retrasados que estaban en cuanto a tecnología y carreteras. Surgió entonces la idea del tren.
A finales de ese siglo, hubo un repunte de la economía gracias al auge de la plata en las minas del altiplano. Humberto Solares explica que en este tiempo se da una expansión del comerciantado, la banca y la economía hacendal.
El siglo XX encontró a los cochabambinos en un lento pero continuo movimiento. Sin embargo, con los trenes y el comercio también llagaban nuevas ideas, por lo que la novedad más importante fue la emergencia de nuevas doctrinas, como la comunista.
Entre 1890 y 1917, se introducen en Cochabamba el telégrafo, el teléfono, el alumbrado eléctrico, el novedoso vehículo y el ferrocarril del valle, que dan un tono de modernidad al antiguo paisaje que aún mantiene sus ínfulas rurales. Sin embargo, las crónicas de ese tiempo, rescatadas por Solares, señalan el contraste entre la llegada de las tecnologías y la pobreza e insalubridad aún imperantes en el señorío valluno.
Solares explica que con las características anotadas, la ciudad transcurre sin mayores variantes hasta la Guerra del Chaco (1932-1935), que entre otros efectos tuvo la virtud de romper las barreras sociales coloniales. Tras la guerra, la región vivió un constante y descontrolado crecimiento demográfico. La ciudad crecía, pero los servicios básicos no lo hacían al mismo ritmo. La contienda también tiene efectos económicos importantes e ideológicos, que germinaron en lo que será la Revolución de 1952. Sin embargo, estos tiempos de relativo crecimiento, en realidad van acompañados por profundos momentos de crisis.
La Revolución nacional de 1952 transformó la región con la reforma agraria. Cochabamba, que aportó con intelectuales y sangre, vio cómo el minifundio convirtió su carácter de “granero nacional”, que mantuvo hasta la década de los 80, a una progresiva desaparición de sus áreas agrícolas. La apertura de la carretera al oriente del país y la "marcha al oriente" iniciaron, además, la “colonización” del trópico con la llegada de miles de familias del altiplano.
Todo esto, sumado a la crisis de los minerales y la relocalización de 1985, introdujo mayor complejidad a la economía y la sociedad de Cochabamba.
Cochabamba mantuvo hasta fines del siglo XX y principios del XXI un crecimiento desordenado, una mezcla de modernidad y tradición, una identidad híbrida y plurinacional; es decir, una ciudad de contrastes y sorpresas.
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CULTURA
El director del Museo de la UMSS, Walter Sánchez, añade que la historia valluna tuvo también transformaciones culturales. Cochabamba siempre fue un centro importante incluso en la colonia. Y no solo la ciudad. Centros como Tarata, por ejemplo, tenían una vida intelectual poderosa durante la colonia y durante el siglo XIX. La literatura desde fines del siglo XIX y el XX tiene una gran presencia, no sólo en escritores hombres, sino en mujeres. En la música, no hay que olvidar que el primer conservatorio de música la instituye Teófilo Vargas en su casa hacia 1895. Luego Aparece en la década de 1940 la Academia Man Césped. y el Instituto Laredo en la década de 1960.
Es importante destacar desde la segunda mitad del siglo XX la poderosa emergencia de lo popular.
Actualmente, es importante destacar, por ejemplo, la presencia de la mujer en la música popular






















