Sacaba, tradiciones y cultura viva
El municipio de Sacaba es una síntesis y reflejo del pasado del departamento de Cochabamba y custodio de un valioso patrimonio histórico y cultural.
Una muestra de esto es la festividad de la Virgen del Amparo. La historia dice que la Virgen habría hecho su aparición en 1870 en inmediaciones del sector de Korihuma. Esta advocación Mariana lleva un nombre inspirado en las súplicas de sus creyentes, “Virgencita, ampáranos. Mamita, ampáranos”.
Cuentan que aquellos tiempos, durante un día caluroso, se encontraba un trabajador realizando su faena. Una tormenta obligó al campesino a buscar cobijo y vio caer un rayo sobre una piedra que fue partida. En la piedra quedó estampada la imagen de la Virgen María con el niño Jesús (Patrimonio Cultural de Bolivia ley Nº 4116 / 2009).
Por otro lado están los Molinos de Agua, una prueba de la vocación agrícola milenaria de Sacaba. Están ubicados en la comunidad de Molino Blanco, Chiñata. En la época de los patrones (periodo republicano) sumaban un total de seis molinos. En la actualidad, solo dos funcionan moliendo maíz y trigo.
A finales del siglo XIX, se inició la construcción del Templo de San Pedro, en la acera este de la Plaza Principal. Dicha infraestructura presenta un estilo arquitectónico neoclásico y alberga en su interior un monumental órgano de factura europea, siendo uno de los pocos existentes en Bolivia. Guarda en su interior la urna de la imagen de la Virgen del Amparo.
La Casa Consistorial, ubicada en la Plaza 6 de Agosto, se construyó en 1902, es de estilo contemporáneo republicano, su frontis externo presenta balcones de hierro forjado, puertas rematadas en arcos de medio punto, adosados entre las ventanas, el friso rematado por el escudo nacional de Bolivia.
El sacabeño y la Sacaba de antaño
El alcalde Humberto Sánchez es sacabeño de nacimiento, de la comunidad de Ucuchi que se caracteriza por ser un sector productor de frutilla. Él recuerda que este municipio era un valle atractivo y acogedor por sus características geográficas, cualidades que se han perdido con el avance de las urbanizaciones.
Recuerda que en el río Mailanco había pequeños peces, que los pescaban y comían, además de piscinas naturales, “en familias salíamos a recrearnos, a lavarnos, disfrutábamos de la producción de este municipio de sus costumbres”.
Señala que el sacabeño siempre fue cariñoso, “siempre te saludan, te acogen en su casa, no son mezquinos. Hay que recuperar eso”, mencionó.
De la gastronomía de antaño, recuerda el olor de la comida de casa, muy típica, nutritiva y deliciosa, se trataba de las lawas preparadas en ollas de barro y cocidas a leña, entre ellas la lawa de jankakipa de maíz. También destaca el desayuno que era pito de cebada y tostado de maíz, “más sano”, dijo, el mote de choclo y el delicioso quesillo preparado en casa eran un gusto a parte.
“Antes jugábamos con balones hechos de medias, nos poníamos zapatos de goma, jugábamos fútbol era a pata pila (descalzo), me acuerdo que hacíamos columpios de cordeles de las hondas en los molles, se jugaba al aire libre”, dijo.

























