¿Tocar fondo? y ¿mar de fondo?
El debate sobre la restitución del uso de la dinamita en protestas es un insólito motivo para reflexionar sobre el lento cocinar de una coyuntura potencialmente explosiva. No faltaron sui generis declaraciones elogiando las propiedades emancipadoras de este familiar instrumento de lucha, siendo también ocasión para que las organizaciones sociales reafirmen su condición de soldados defensores del proceso de cambio mientras anunciaban la decisión de impulsar un nuevo referéndum reeleccionario.
Hasta que el baldazo de agua fría lo dio un viceministro, algo más letrado, al informar que el polémico decreto del dinamitazo contradecía flagrantemente la Ley de Armas, promulgada por Su Excelencia mientras proclamaba la naturaleza pacífica del Estado boliviano. Y es que la novata autoridad no reparó en que esta contradicción legal poco o nada preocupa a quienes gobiernan la Bolivia del “metele nomás”, no siendo impedimento para que cocaleros, bartolinas, campesinos interculturales, mineros y juventudes adoctrinadas religiosamente, tengan licencia para hacer correr a herejes y opositores envalentonados a punta de dinamitazos.
Aludo a la dinamita por dos motivos. Primero porque el hecho sintoniza con una coyuntura política convertida en ruidoso concurso de sindicaciones irreproducibles de dos extremos encontrados en un intento desesperado para salir del pozo profundo del desgaste del poder y del no poder. Y segundo, porque algo de sarcasmo ayuda ante la resignada opinión de quienes concluyen que “los pueblos tienen los gobernantes que se merecen”. Y porque la ironía sirve cuando el más racional y sereno de los líderes de opinión, entre otros, se refiere y denuncia el miedo, las amenazas y la conculcación de los derechos vinculados a un bien público preciado e irrenunciable: La libertad y la convivencia plural en democracia.
No son pocos los eslabones de una cadena de hechos que abonan el pesimismo. La elección del defensor del pueblo poco o nada convincente, la detención y persecución arbitraria de los abogados encargados de la defensa de Gabriela Zapata, la indolencia crónica que aplasta el clamor de las personas con discapacidad, la reducida credibilidad del “informe de mayoría” sobre el bullado caso Camce, sumados a la insistencia de regular redes sociales y a los medios por haber caído en la tentación de constituir “carteles de la mentira” para terminar de armar la justificación para reeditar la consulta para la reelección presidencial.
Frente a la creciente ola de escandaletes de alcoba y turbulencias inocultables, un maestro del análisis de los entuertos de Estado y los malestares cíclicos de la sociedad me aconsejaba no gastar mucha energía intentando comprender la naturaleza caprichosa del oleaje superficial y distractivo. Parafraseando al Principito, me señaló que lo verdaderamente importante es por ahora invisible a los ojos por discurrir en aguas profundas.
Ese mar de fondo tiene que ver con los verdaderos cambios que superan al mismo evismo. Se trata de la Bolivia, mayoritariamente urbana y joven. Esa de polos de desarrollo más equilibradas e incertos en la dinámica de los valores, las promesas y los riesgos de la modernidad y la globalización; de ciudades constituidas en los espacios de conflicto y construcción de un nuevo sentido de la política, de ciudadanía, y de convivencia intercultural. De una población que así como interpeló la política del pasado, repudia hoy el clientelismo y abuso de poder de burocracias de mal llamados movimientos sociales. Esa Bolivia que perfila el ocaso de una promesa de futuro anclada en la demagogia y confrontación, de un núcleo de poder enredado en sus propios errores, que toca fondo al instrumentalizar a una vanguardia cocalera que ya no la representa. Esa Bolivia cuyo cambio anuncia el advenimiento del “postevismo”, transición compleja e inexorable que anuncia un periodo de quiebres y de síntesis tan amenazante como el explosivo decreto dinamitero.
La autora es psicóloga, cientista política y exparlamentaria.
Columnas de ERIKA BROCKMANN QUIROGA




















