No hay incubadoras, excusas sí
El desgarrador final de la vida de un bebé prematuro nacido en Warnes, Santa Cruz, es un nuevo ejemplo de la crisis que atraviesa el sector de la salud en Bolivia. Esta vez el caso tiene que ver con la seguridad y derechos fundamentales de los neonatos.
El bebé “sietemesino” no pudo salvarse porque el hospital de ese municipio no cuenta con incubadoras. Y, ante ello, los profesionales se dieron la tarea de improvisar un espacio con calentadores para garantizar que el recién nacido sobreviviera manteniéndole la temperatura necesaria en el cuerpo. Sin embargo, la solución resultó en una desgracia doble: el fallecimiento y graves quemaduras en el cuerpo del recién nacido.
¿Fue negligencia médica o una medida desesperada en esa filosofía de salvar la vida, a como dé lugar, que forma parte del juramento hipocrático? ¿El bebé hubiera sobrevivido si se contaba con equipamiento necesario?
Una “incubadora artesanal”, como denominaron los medios a las estufas, ¿ajustadas a una temperatura menor habría ayudado al niño a salvarse? Esas y otras preguntas probablemente sean respondidas con las investigaciones en el transcurso de las horas.
Warnes es una ciudad en constante desarrollo; cuenta con avenidas, parques canchas y hasta con un flamante estadio deportivo para 30 mil personas. Pero es evidente que para ninguno de los niveles estatales —que financiaron juntos o por separado las múltiples obras de infraestructura— consideró el básico requerimiento de incluir una incubadora como implemento fundamental de sus prioridades. ¿Será porque ese artefacto no se luce ante el público?
Difícil saberlo. Entre tanto, este caso se convierte en otro más para alimentar las bases de datos o las estadísticas indicadoras que señalan lo lejos que nos hallamos de salir del subdesarrollo.
Directora de Los Tiempos
Columnas de LUZ MARINA CANELAS ARZE
















