Un estilo de vida anti-tristeza
MÓNICA NATALI
Para poder vivir mejor necesitamos aprender el “nexting”. El psiquiatra francés Lejoyeux explica cómo hacerlo en pocos pasos en el libro “Todo el año de buen humor”. El nexting, afirma, nos ayudará a ser más felices. Se trata de desarrollar una capacidad que todos tenemos de proyectarnos hacía el futuro de manera positiva.
Nos pasa frecuentemente que tanto la rutina cuanto el estrés son una continua prueba de fuerza e de equilibrio psicofísico. A veces se nos acaban las pilas. Obviamente no quiero decir que el nexting sea la solución a la depresión pero estoy segura que puede contribuir. Hay una serie de ejercicios prácticos para lograr la neurofelicidad y llevarnos a un estilo de vida anti-tristeza.
Nuestro cerebro es la mejor arma a nuestra disposición contra la depresión. Este órgano desborda de energía, una máquina del buen humor, sería suficiente entrenarlo para estar mejor. El psiquiatra nos da algunos consejos para alcanzar la neurofelicidad: Protegernos de la nostalgia colectiva. Limitar el tiempo a las noticias negativas y a las charlas negativas. Comprometernos socialmente es mucho más placentero que quejarnos o criticar. Elegimos el cómo al porqué.
Eliminemos el “¿Por qué me pasó a mí?” por el “¿Cómo salgo del problema?”. El “cómo” es definitivamente más eficaz si queremos defender nuestro bienestar y buscar soluciones. Armamos la revolución contra nuestro cerebro. Nuestro cerebro está programado para seguir una rutina, por eso los niños aman repetir las mismas actividades o juegos que les gustan miles de veces. Nosotros adultos, en cambio, somos cerebralmente dirigidos a la repetición de los errores y a desarrollar un insano apego a lo que nos daña. Cambiar de actividad, alternar diferentes compromisos, nos hará más productivos y más felices.
No pidamos disculpas por todo lo que hacemos. Muchos de nosotros piden disculpas de forma continua, costumbre dañina que alimenta la sensación de culpabilidad.
Aprendamos a amar. El amor es el antídoto más eficaz contra la tristeza. El enamoramiento nos hace sentir dinámico y llenos de energías, tanto de no percibir el cansancio y poder quedarnos despiertos toda la noche. Definitivamente el amor hace bien al corazón porque baja los niveles de las hormonas del estrés, protege los vasos sanguíneos y aumenta la expectativa de vida, mejorando su calidad. Los enamorados presentan altos niveles de serotonina, el neurotransmisor del buen humor, como si estuvieran tomando un poderoso antidepresivo sin tener los efectos secundarios.
La autora es docente de Univalle
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