Los riesgos en la mesa
Los transgénicos invadieron los supermercados. ¿Será que son seguros?
Un trabajador rural se agacha bajo el sol caliente para cosechar apio que será vendido en el mercado. Esa noche, surgen doloras pústulas rojas en los antebrazos.
El apio, una variedad resistente a las enfermedades, inesperadamente produce una sustancia química que desencadena graves reacciones en la piel.
Métodos tradicionales de mejoramiento genético generan que este vegetal no sea nocivo, pero los opositores al uso de esas técnicas temen que la combinación de genes externos (generalmente provenientes de bacterias) por medio de la tecnología del ADN recombinado en plantas que producen alimentos para el consumo podría traer más sorpresas desagradables a la salud.
Los riesgos son altos: alimentos genéticamente manipulados (GM) son vendidos en muchos países. En EUA se estima que 60% de los alimentos industrializados en supermercados de cereales matinales hasta los refrigerantes contienen GM, principalmente soya maíz y canola.
Los opositores citan diversos motivos para preocuparnos. Tal vez las proteínas producidas de genes externos sean directamente tóxicos a los humanos. Es posible que los genes alteren el funcionamiento de una planta de modo que torne los componentes de alimentos menos nutritivos o más propenso presentar niveles elevados de venenos naturales, encontrados en pequeñas cantidades de diversos vegetales. O talvez la planta modificada sintetice proteínas capazes de provocar reacciones alérgicas.
La alergia era la principal preocupación en el 2000, cuando el maíz de la Star Link fue procesado para fabricación de tortillas flecos de maíz fue genéticamente modificado para producir una proteína insecticida partiendo de la bacteria Bacillos Thurgensis (BT). La Estar Link venía plantando el grano desde que recibió la aprobación para usarlo en la fabricación de ración animal, pero las preocupaciones en cuanto al potencial alérgico de la versión (GM) impiden que sea autorizado para el consumo humano.
Aunque los órganos reguladores americanos no tengan identificados reacciones alérgicas que pudiesen ser atribuidos al consumo de alimentos preparados con pequeñas cantidades de maíz de la Star Link, los productos fueron retirados del mercado.
Los partidarios de la tecnología presentan una serie de argumentos en defensa de los alimentos genéticamente modificados.
Usar cuidadosamente genes seleccionados en una planta es más seguro que introducir millares de genes de una sola vez, como ocurre frecuentemente cuando se produce híbridos de planta de la forma padrón.
Las plantaciones GM desenvueltas para limitar la necesidad de pesticidas tóxicos pueden traer beneficios a la salud de forma indirecta, por la reducción de la exposición del hombre a esas sustancias químicas. Más directamente, los alimentos en estudio están siendo desenvueltos para ser nutritivos que sus congéneres convencionales. Además, las plantaciones o que crecen GM que producen nutrientes extras o crecen bien en condiciones precarias podrían proporcionar ayuda esencial a las poblaciones de naciones víctimas de mala nutrición.
Los defensores destacan que todas las plantaciones GM fueron testadas a fondo en busca de efectos a la salud.
Son relativamente pocos los estudios independientes publicados, pero esas industrias realizan investigaciones, pues la ley exige que ellas certifiquen de que los alimentos colocados en el mercado atiendan los criterios federales de seguridad.
Las empresas presentan voluntariamente los resultados de los testes al US Food and Drug Administration (FDA) órgano fiscalizador de remedios y, alimentos.
Los estudios de las industrias comienzan comparando versiones GM relevantes con plantas de la misma variedad, generadas de forma convencional para verificar se el aditamento de genes externos altera de forma significativa la composición química de las plantas GM y su valor nutricional. Si las proteínas formadas de los genes ingeridos fueran las únicas diferencias perceptibles, el análisis se vuelca para buscar toxicidad, usando la variedad GM para alimentar animales en cantidades millares de veces superior a lo que los humanos consumiríamos. Si la modificación genética nos lleva a alteraciones más amplias, los responsables por los testes de toxicidad pueden alimentar animales en laboratorio con alimentos GM completos.
Para avaliar el potencial de inducción alérgica, los cientistas verifican la composición química de cada nueva proteína producida por la planta genéticamente alterada en comparación a los casi 500 alergénicos conocidos; en caso de que presenten una química similar, eso sería un aviso de peligro. Las proteínas son tratadas con ácido para imitar el ambiente que encontraran en nuestro estómago.
Finalmente, los investigadores examinan el origen de la proteína. No hay como un gen de maní tenga permiso para ser introducido en una frutilla.
Columnas de Ángel Velasco Barron/Ing. agrónomo















