Las lecciones de la Covid
Hace pocos días se cumplieron tres años de la irrupción de la pandemia de Covid-19 en Bolivia. La experiencia que vivimos con la propagación de esa infección, especialmente durante los primeros meses, nos deja lecciones que no todos supimos asimilar.
En tres años, los bolivianos hemos aprendido a vivir con el riesgo del contagio, luego de pasar por la incertidumbre generalizada, el temor a la enfermedad desconocida, la negación de la plaga y el rechazo a la vacuna en muchos casos, hasta llegar a la adopción de nuevos hábitos.
Y ciertamente hemos cambiado, como también ha evolucionado nuestra actitud hacia la infección gracias al conocimiento que los médicos fueron adquiriendo acerca de la Covid-19, la enfermedad que en pocas semanas desbarató nuestras rutinas de vida, en todos los planos, y no sólo aquí.
“La Covid-19 puso de relieve que ningún país u organización del mundo estaba plenamente preparado para el impacto de esta pandemia”, recordaba el jueves último, en Washington, el Director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
No sólo eso, la pandemia provocó que los países de la región “experimenten una serie de retrocesos (…) que han “revelado o exacerbado las debilidades de nuestros sistemas de salud”, agregaba el ejecutivo de la OPS, evidenciando lo que se vive hoy en Bolivia, especialmente en Santa Cruz, con el dengue.
Es la peor epidemia de dengue que castiga a Bolivia en más de una década y, a diferencia de lo que sucedió con la pandemia de Covid, el dengue es endémico en el país y su transmisión —por la picadura de un mosquito— se dispara durante el período lluvioso como el actual. Eso significa que pudo mitigarse la expansión del mal si se intervenía a tiempo.
Pero la intervención de las autoridades de salud, nacionales y departamentales, se dio sólo cuando los hospitales comenzaron a estar saturados de enfermos y aumentaron los decesos provocados por esta infección.
Hoy, Santa Cruz vive una “situación alarmante”, pues los casos de dengue continúan aumentando. Más de 13.000 personas han sido infectadas desde el inicio de 2023 y 43 personas, la mayoría niños, han fallecido por ese mal.
Es muy probable que esas cifras serían mucho menores si las acciones para mitigar la expansión del dengue se hubiesen ejecutado meses antes.
Es también muy probable que menos infectados hubieran muerto, o estarían en riesgo de perder la vida, si hubiera más hospitales y médicos para atenderlos, pues como bien señala el jefe de la OPS:
“Debemos enfocarnos en (…) construir sistemas de salud resilientes que funcionen para todos, así como en estar mejor preparados para futuras amenazas a la salud”.




















