Justicia para todos
El reciente linchamiento de un adolescente en plena ciudad de Santa Cruz de la Sierra, en el Plan Tres Mil, el fin de semana sin que hasta el día de hoy se hubiera aprehendido a todos los responsables, no solo debe interpelarnos sobre qué ocurre con el respeto por la vida y la convivencia social; sino, sobre qué clase de justicia tenemos y qué justicia queremos construir para nosotros, para nuestros hijos y para todos.
El trágico desenlace de la vida de Brandon, un adolescente de 15 años, es una dura muestra de que hay grupos sociales que se sienten al margen de la justicia y que están seguros de que sus crímenes quedarán en la impunidad sin importar ya en qué lugar de Bolivia se encuentren.
Hasta el momento, solo se conoce que la víctima salió de su casa para buscar un trabajo eventual y conseguir algunos recursos para comprarle un regalo a su padre por su cumpleaños. De esa forma, al parecer, fue contratado para hacer el desalojo de una vivienda; pero, los parientes de la gente desalojada reaccionaron y lo martirizaron hasta dejarlo agonizando. El caso es investigado por la Policía como homicidio.
La muerte de un adolescente a manos de una turba es una llamada de atención para las autoridades que administran la justicia que deben sancionar a los responsables de los linchamientos, cuando son capturados. Pero, también, para la Fiscalía y la Policía para que ningún caso perpetrado a nombre de la justicia por mano propia quede en la impunidad.
En regiones, como el trópico de Cochabamba, los linchamientos que se cometen rara vez acaban con la identificación de los responsables. Esa es una señal que solo alienta que este horrendo crimen siga sin pausas en diferentes partes de Bolivia.
Una de las razones de los linchamientos es la falta de fe en la justicia. Cuando fiscales, jueces y policías dejan de cumplir sus responsabilidades, la gente común y corriente toma la justicia por mano propia. Cuando no hay presencia de Estado, la gente debe hacer respetar las normas de convivencia pacífica por su cuenta.
Hoy, que el Gobierno Nacional y el Tribunal Supremo de Justicia parecen estar enfrascados en un nuevo frente de conflicto por la asignación de condiciones reales y materiales para una verdadera reforma judicial es importante que el centro de todo cambio sea que la justicia es para todos sin ningún tipo de diferencia ni privilegio y sin lugares y grupos que estén por encima de la justicia.
Los linchamientos son la expresión más cruel de la falta de respeto por la vida, pero, también una constatación de que las personas que cometen ilícitos se sienten intocables o que simplemente la justicia no funcionará contra ellas. Ese debe ser uno de los desafíos de las reformas de justicia que se aplique a todos por igual y que nadie se sienta con el derecho de quitarle la vida a un boliviano de una forma tan cruel y que piense que nunca lo alcanzará el peso de la justicia.















