Interconectividad y sociedad
Cuando comenzó el año escolar, hace cuatro meses, una de las restricciones impuestas por el Ministerio del sector para esta gestión provocó cierta polémica acerca de los beneficios y desventajas de esa medida.
“Queda terminantemente prohibido el uso de celulares en el aula por parte de estudiantes y maestros”, establece el artículo 45 de las Normas generales para la gestión educativa 2026K, contenidas en la primera resolución emitida este año por el Ministerio de Educación.
Desde que fue publicada, a principios de enero, y por unas cuantas semanas, esa prohibición fue motivo de cuestionamientos, por un lado, y de aprobación, por otro.
Luego el asunto dejó de ser tema de noticia, o de discrepancias. Tampoco se conocieron evaluaciones acerca de su aplicación ni de su impacto en el rendimiento de los estudiantes cuya distracción fue invocada para justificarla.
Con esa medida, Bolivia se sumaba a los 113 países, más de la mitad de todos los del mundo, cuyos sistemas educativos prohíben el uso de teléfonos móviles en los colegios y escuelas, informa un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) publicado el 19 de marzo, en ocasión del Día Internacional del Aprendizaje Digital.
“En tres años, la proporción de países que prohíben el uso de smartphones en las escuelas se ha más que duplicado”, detallaba entonces la Unesco, recordando que en junio de 2023, cuando este fenómeno fue analizado por primera vez en su Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, menos de uno de cada cuatro países (24%) tenía restricciones de este tipo.
La razón puede explicarse por los resultados de la prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes) cuyos resultados de 2022 comparados con los de 2018 mostraron que el desempeño de los estudiantes en matemáticas había caído en 15 puntos entre esos años, en lectura, la reducción fue de 10 puntos.
Esos y otros datos permitieron percibir que el problema del uso del celular no se limitaba al ámbito educativo.
“Detrás de los resultados académicos parece asomarse una preocupación más profunda: la reducción gradual de los espacios donde aprendemos a convivir con personas distintas y a reconocernos como parte de una misma realidad”, afirma el académico y experto en temas de educación mexicano Juan Alfonso Mejía, en un artículo titulado “Los celulares y la pérdida de un mundo común”.
Es decir que la interconectividad actual hace que “una parte creciente de la experiencia social (de niños y adolescentes) está dejando de ocurrir en espacios compartidos. En otras palabras, la pérdida de un mundo común”, agrega Mejía.
Esas constataciones tendrían que inspirar reflexiones serias, en responsables educativos y sociales del Estado, y también en los padres. El inicio de las vacaciones de invierno de invierno puede ser una buena ocasión para ello.















