Borda: “Los muertos siempre tienen más razón que los vivos”
Héctor Borda Leaño falleció, a los 95 años, a la una de la madrugada del miércoles 26 de enero, en la ciudad de Malmö (Suecia). El vate orureño, maestro de la poesía social y conocedor del proletariado minero, hizo crecer sus poemas en su ciudad natal como vetas de oro y plata. Su respiración poética fue la vida en Oruro, las condiciones, los sufrimientos, las muertes, los carnavales, la coca, los diablos, los morenos, etc. Todos esos elementos son caldeados en el horno de volatilización de la Fundición de Estaño de Oruro. De ahí, nacen sus poemas que tocan fibras profundas de los sentimientos humanos.
Ha participado, junto a Homero Carvalho y Alberto Guerra (+), en el Encuentro de Poetas y Narradores en Estocolmo (Suecia, 1991).
Javier Claure (JC): Escribir poesía puede ser un acto de hacer frente a la miseria humana. ¿Cómo defines tu poesía?
Héctor Borda (HB): Durante mi juventud me dediqué a la política en Bolivia. Las grandes injusticias sociales me marcaron mucho. Y esto lo expreso en mi poesía. Por mis propias circunstancias me acerqué a las minas, y como trabajador conocí a fondo el proletariado minero. La vida del minero toca las fibras más hondas de mi ser, y mi poesía va tomando cuerpo en ese sentido. No sé si es una forma de hacer frente a la miseria humana, pero es para mí una forma de decir mis verdades y mi sentir.
JC: Sé que pertenecías al movimiento poético Gesta Bárbara de Oruro. Hablando con Alberto Guerra (+) me contó que fuiste tú quien lo invitó para que formara parte de ese movimiento. ¿Cuéntame algo de esa época?
HB: Primero que nada, los muertos siempre tienen más razón que los vivos. Así que no vale la pena refutar las afirmaciones de mi querido amigo Alberto. Pero si de algo sirve, te diré que en ese tiempo existían dos Gestas Bárbaras. Una que vio la luz en Potosí con Enrique Viaña y otra fundada en La Paz por Gustavo Medinaceli a su regreso de Europa. Yo no pertenecía a ninguna de ellas, era simplemente un observador, un colado. Aquí quiero acotar que los vivos pueden equivocarse, los muertos ya no se equivocan.
JC: Tu último poemario lleva como título “Poemas desbandados”. ¿Podrías contarme algo sobre los poemas incluidos en ese libro? ¿En qué te inspiraste?
HB: Los poemas de ese libro están inspirados en personajes reales recogidos de todos los rincones de Bolivia. Poemas desbandados es una antología de otros libros anteriores.
JC: ¿De qué manera ha influido en tu poesía, el hecho de haber vivido exiliado en Suecia?
HB: Mi producción poética de mayor intensidad se da mucho antes de llegar a Suecia. No creo que el exilio en Suecia haya influido mucho en mi poesía. Es un exilio de estómago lleno. En Suecia yo me entrego a la lectura totalmente, y estoy como parado frente a un semáforo en rojo esperando el momento para pasar. Sin embargo, otros exilios en otros países de América Latina influyen en mi poesía, especialmente cuando vivía exiliado en Argentina. No solo por las circunstancias políticas que me tocó vivir allí, sino también porque me involucro justamente en esas circunstancias. Conocí a gente con ideas progresistas y empecé a compartir mi poesía con poetas y escritores comprometidos con su país. La necesidad de escribir se hizo más intensa.
JC: Por último, ¿cómo poeta qué opinas de la muerte?
HB: Cuando uno tiene la edad que yo tengo, no se pregunta eso. Pero puedes leer mi poema “Ch’alla de la muerte”, y así sabrás lo que opino de la muerte en términos de la poesía.

























