La Amazonía brasileña perdió 10.267 kilómetros de cobertura vegetal en 2022, una extensión equivalente a la de un país como Líbano, con lo que la deforestación de la mayor selva tropical del mundo alcanzó un nivel récord en el último año de Gobierno del presidente Jair Bolsonaro.
La deforestación de la Amazonía brasileña batió en junio su cuarto récord mensual consecutivo y arrasó en los primeros seis meses del año 3.609 km2, un 17% más que en el mismo periodo de 2020, según datos oficiales publicados este viernes.
La destrucción de la cobertura vegetal para parcelar tierras destinadas a la construcción de urbanizaciones ahonda la crisis ambiental y pone en riesgo a la laguna de La Angostura, un sitio turístico y gastronómico, preferido por su paisaje y atractivos.
La pandemia no da tregua a la deforestación: el año pasado se perdió una superficie equivalente a la de Holanda en bosques vírgenes tropicales, con Brasil a la cabeza de una lista en la que Bolivia escaló al tercer puesto.
El mundo perdió 178 millones de hectáreas de bosque, una superficie del tamaño de Libia, entre 1990 y 2020, a pesar de que en la última década se ha ralentizado el ritmo de deforestación, según un informe difundido este jueves por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Aunque el ministro de Desarrollo Rural y Tierras, César Cocarico, aseguró que las comunidades asentadas en la Chiquitanía garantizan la provisión de alimentos para el país
Al menos el 20 por ciento de los incendios en la Chiquitanía, en Santa Cruz, que arrasaron con 1,7 millones de hectáreas pueden estar conectados con los nuevos asentamientos
Los ganaderos de Santa Cruz y el Beni además de los agroindustriales pidieron al presidente Evo Morales no abrogar el Decreto Supremo 3973 y la Ley 741
Aunque la población de los municipios que conforman la Chiquitanía han expresado su rechazo a la autorización de nuevos asentamientos de comunidades campesinas e interculturales en esta región
Los focos de incendios forestales en Brasil han aumentado este año 83 por ciento en comparación con 2018, debido a las quemas de la región amazónica potenciadas por la temporada seca