Desde las primeras páginas de Ñamérica, de Martín Caparrós, el lector siente que no está frente a un ensayo sobre el continente hispanoamericano, sino dentro de él, caminando por sus calles ruidosas, respirando su polvo y escuchando el castellano, pronunciado en mil acentos distintos que, sin embargo, se entienden, y entremedio de las palabras, la eñe como signo de identidad.