
CARTUCHOS DE HARINA
La leyenda del diplomático inglés expulsado por un tirano boliviano merece más piedad por la historia. Rescato aquí datos de Roberto Querejazu y resumo varias de mis propias pesquisas.
En 1852, el coronel John Lloyd, encargado de negocios, llegó a La Paz. Su objetivo: la libre navegación de comerciantes británicos en los ríos de Bolivia. Lloyd conocía la región por su vínculo con Bolívar. En 1827 recibió su encargo de explorar el istmo de Panamá para comunicar los dos océanos.
En 1837, en la primera comunicación oficial boliviana con Washington, el presbítero José Manuel Loza fue muy atento. Loza era secretario del Supremo Protector de la Confederación, y Estados Unidos había acreditado un nuevo encargado de negocios en Lima.
Loza le dejaba saber al secretario de Estado que (ejem) la organización política había variado un tantito. Donde antes había un solo Perú, ahora había dos, confederados con Bolivia. Loza se despidió con mieles para el “ilustre pueblo de Norteamérica”.
Adlai Stevenson fue un político “liberal” estadounidense. Él decía que “una sociedad libre es aquella en la que se puede ser impopular y estar a salvo”. Bolivia no cumple ese estándar.
La justicia aquí falla según el clamor popular, la presión de los medios o, peor, los gustos del gobernante o del dinero. Ahí tienen a Camacho o a la secretaria de Evo en 2020; fuera de la política, al médico Jhiery Fernández que pasó casi cuatro años en prisión por la supuesta violación y muerte de un bebé.
Walter Auad Sotomayor ha publicado un libro sobre los años de la Independencia. Es un texto erudito, relajado y disfrutable. Adverso a las hagiografías, Auad se nutre de la visión personal de brasileños, argentinos, chilenos, peruanos y colombianos en su correspondencia y memorias. Al igual que de las de los criollos de Charcas: esa casta letrada, sí, y conservadora, católica y premoderna como su país, aunque sin indígenas. Movida por lo que es más humano: persistir en sí misma, con sus sombras y quimeras.
Las elecciones generales del 17 de agosto son el prólogo del choque que se dará en Bolivia en los dos años que vienen.
Probable vencedora, la derecha apuesta a que el miedo a la profundización de la crisis le permita remontar y rentar del ajuste económico que aplicará. La izquierda, a que la derecha sucumba en los conflictos sociales y el próximo mandato constitucional no llegue a término.
En enero de 1998 viajé a México por un día. Fui con un directivo de una empresa oriental de televisión a una reunión de la OTI (Organización de Telecomunicaciones de Iberoamérica), con sede en la capital mexicana.
El orden del día no era jurídico y el gerente televisivo era diestro en las breves cuestiones tributarias que se tocaron. No sé qué dice de mi profesionalismo, pero mi silencio fue ejemplar aquella jornada.
Hace más de una veintena de años había sobreoferta de consultores para el Estado. El MAS hizo luego más duro ese mercado, pero parece que la demanda se flexibilizará de nuevo, para algarabía de las clases medias urbanas y profesionales. Para ellas, dejar atrás la subordinación y constancia bajo el puño de los dirigentes sociales será casi una señal de equidad divina. A lo mejor hasta retornemos a las iglesias por eso.
Los pocos estrategas de campaña que conozco aluden a Joseph Napolitan, el mítico asesor de John F. Kennedy en los años 60. De haberse sabido el final de la historia, era mejor un consultor mediocre que, al fracasar, le salvara de rebote la vida a JFK.
Hay estrategas cultos que citan al hermano de Cicerón, quien diseñó un manual del oficio. Me enteré por un escrito de Walter Chávez, personaje inasible y letrado. El manual de Quinto Cicerón es lectura pendiente, pero ando sin urgencia práctica de emprenderla.
“Haga como yo, no se meta en política”, decía con sorna, verticalismo y practicidad el generalísimo Francisco Franco, dictador español del siglo pasado. Los bolivianos jamás seguiríamos ese consejo. La política es nuestra adicción porque es la forma local de asignar honor, bienes y ascenso social. Lo ratifico al leer El General desbarrancado. José Manuel Pando en su hora final, saga histórica documentada de la vida política y muerte del expresidente.

