
CARTUCHOS DE HARINA
Eduardo Pérez Iribarne (EPI) fue un sacerdote boliviano. Imbuido de la inculturación jesuítica, buscó parecerse —además de entender— a la sociedad en la que eligió vivir y morir. Por ejemplo, él se forzó a abandonar el acento español. En uno de sus colmos, a veces usaba una “erre” artificial, pero por lo demás adoptó el habla paceña de clase media. A la vez, le gustaba ejercitarse en frases de la gente, como la de “habló ‘para mí’”. La oyó en el oriente para expresar que alguien te está sacando el cuero.
Mazarine Pingeot Miterrand es la hija extramatrimonial del expresidente francés Francois Miterrand. Mazarine fue reconocida por su padre en 1984. Su existencia fue revelada en 1994 por unas fotos convenientemente filtradas por Miterrand, sólo cuando el cáncer que lo aquejaba le hizo prever sus exequias. La nena tenía ya veinte años.
A diferencia de los precandidatos del MAS y de la conveniente ambigüedad ideológica de Manfred (¿nacionalista?, ¿de derecha?), en la oposición abundan opciones que pueden reputarse liberales. Están desde los social-liberales hasta los libertarios. Los primeros apuntan que los segundos son conservadores embozados. Por su parte, los frenéticos libertarios acusan a sus moderados parientes de no ser liberales, sino “socialistas” o “keynesianos”. Difícil ser mediador en esa pelotera.
En enero de 2001, el Tribunal Constitucional cerró la puerta a una asamblea constituyente, porque no estaba prevista en la Constitución. Era cierto, pero de paso complacía a los barones de la política. Poco después, la constituyente fue incluida en la anterior Constitución por una reforma adoptada por la presión popular.
El exembajador en Bolivia David Greenlee dio en 2007 una entrevista a un proyecto de historia oral de la diplomacia norteamericana. Allí remarcó que los bolivianos “no piensan geopolíticamente, aunque sus vecinos sí lo hacen.” Pues bien, tengo otra prueba que lo corrobora. Nuestros vecinos nos estudian con rigor, nosotros a ellos no.
El libro La justicia del inca de Tristán Marof cumple cien años este 2024. Fue concluido en la comuna francesa de San Juan de Luz, cerca de España. Marof se fue a Europa en 1921 como cónsul de Bautista Saavedra en Le Havre. En su Historia de mis libros, Marof cuenta que el belga Víctor Orban (homónimo del actual primer ministro húngaro) lo alentó y publicó ese libro que el autor tenía guardado.
Como una trama de espionaje, leí la entrevista del historiador Charles Stuart Kennedy al embajador James C. Cason en 2009, para un proyecto de historia oral de las relaciones exteriores norteamericanas. Cason estuvo en Bolivia entre 1987 y 1990, y cerró su carrera como embajador en Paraguay en 2008. La BBC lo bautizó en 2015 como “el diplomático estadounidense que más molestó a Fidel Castro”. Lo que resumo aquí son sus recuerdos de Bolivia, no necesariamente la verdad.
Con esa frase, el semanario británico The Economist se refería a nuestro país en julio de 2004. Eso cuenta el historiador inglés James Dunkerley en un compendio de sus ensayos sobre Bolivia de 1981 a 2007. Repasé allí sus escritos La revolución de 1997 en perspectiva y La tercera revolución boliviana (sobre el inicio del gobierno del MAS). Por esos títulos, suena a que hay un exceso de revolucionarios en Bolivia, liberales o izquierdistas (Gabriel René Moreno preguntaba “si somos revolucionarios por ser pobres o somos pobres por ser revolucionarios”).
La Revolución Francesa tuvo airados detractores. Contrariamente al dogma moderno que los estigmatizó por reaccionarios, esos críticos poseían agudeza. Por ejemplo, en sus “Consideraciones sobre Francia”, el perverso Joseph de Maistre sostenía que el racionalismo de los filósofos iluministas servía para poco. Como si fuera un temible contemporáneo nuestro, él creía que la respuesta de cómo actúan los humanos está en el reino de lo irracional… y en la violencia.

