
DE - LIRIOS
Estuvo muy anecdótico el cuento de que extraterrestres hostiles invadirían la tierra el 23 de marzo de 2023. Un “viajero en el tiempo” “predijo” aquello mediante redes sociales y el rumor se regó como pólvora, además asegurando que la configuración numérica de la fecha mencionada tenía que ver con la “invasión” y que solamente se salvarían unos pocos miles de humanos que serían llevados a “otro” planeta ante la destrucción inminente de la Tierra.
Dice que uno de los indicadores de mínimo equilibrio ambiental se refleja en la convivencia de aves y humanos en las enormes “aldeas” humanas, como dulcemente llamaba Kipling a las comunidades de nuestra especie. Justamente, una de las aficiones que poseo es identificar a las aves que frecuentan ciudades y pueblos que tengo la suerte de visitar para atesorar saudades de lo que me gusta contemplar, y así prolongar los “sencillos” y desapercibidos placeres del efímero regocijo de existir.
De dónde sale el mito de que a las mujeres no hay que preguntarles la edad? ¿El tener una edad determinada es motivo para avergonzarse? ¿Envejecer es causa para avergonzarse? ¿Acaso no es lo deseable vivir lo más posible y, por tanto, cumplir años?
Por supuesto que parafraseo al increíble libro de relatos Uno y el universo de Ernesto Sábato, precioso trabajo donde confluyen la filosofía, la ciencia, el arte y lo “fantástico”: “Es la palabra con la que designamos a lo insólito. Por eso se aplica continuamente en los viajes y en la historia del pensamiento. No es que designe cosas de contenido mágico: simplemente designa otras cosas” (el resaltado es del autor).
¿Cómo es posible que en Bolivia un mecanismo técnico como un censo genere tal zafarrancho?
Un problema histórico en el país (y de América Latina) es justamente relegar la parte técnica y científica de la gestión pública (gobernanza), que permanentemente se encuentra sometida a los vaivenes de la mezquina pugna por el poder. En otras palabras, en términos politológicos, la política es sometida por lo político y el manejo del Estado es asumido, prácticamente, cual un botín y no como la administración del bien común.

