RONNIE PIÉROLA GÓMEZ

ERRAR ES HUMANO

18/03/2023

Cuando Rufino Amapola giró el rostro, se dio cuenta de que todo estaba en todas partes y al mismo tiempo, no era que su memoria evocaba los recientes premios de la Academia, se trataba más bien de una sensación cargada de náuseas e indisposición, una melancolía rastrera que no definía si era el sendero definitivo a la muerte o el camino excelso al cielo.

Para entonces Rufino Amapola llevaba solamente dos minutos de muerto, y recordaba aún el llanto de su mujer ante las palabras exactas de su doctor.

11/03/2023

La jornada aciaga en que se animó a patear la vetusta silla de plástico azul, aquella por la que nadie hubiese dado un peso, pero que, sin embargo, alguien supo poner a su lado para que se siente el que otrora fuese el dueño del país, no imaginó que los efectos para él y para los suyos iban a ser devastadores.

Era un día común de febrero, parecía terminar la peste, no porque hubiésemos derrotado al bicho, pero sí porque al menos ya no nos moríamos luego de tragarlo.

04/03/2023

Encabronada por la noticia, Filiberta Magdalena desparramó el rebalse de su impotencia ante su familia: —

—¡Ni Lucho, ni Camacho! —gritó en un espasmo de liberación que inundó de indignación la mesa de la cena.

Aquel día, sin darse cuenta y habiendo atravesado de modo silencioso los carnavales y el Miércoles de Ceniza, había vencido el plazo dado al presidente para que éste firme la amnistía a los presos políticos del país. No lo iba a hacer.

26/02/2023

La tarde en que Soila Vaca captó el enredo histórico en el que se metió por haberse casado con Victor Toro, se enteró también de que para la justicia de su país aún seguía siendo un derecho humano el perpetuarse en el poder.

La mujer, que acababa de canar por completo, rondaba los 95 años, y si bien no recordaba el nombre de sus hijos ni el momento y lugar donde conoció a su difunto esposo, sí rememoraba con claridad que en 2019 supo bloquear con pititas y piedras, con gritos y pancartas, hasta lograr la renuncia del tirano.

19/02/2023

Cuando Ponciano Esmeralda vio a aquellos hombres que más parecían un par de roperos de dos cuerpos antes que sujetos de carne y hueso, se sorprendió. Los observó desde lo alto de un cielo altiplánico y azul, y mientras hacía la fila para ver si podía ser admitido en el Reino de Dios. No los notó por sus bien marcados músculos, que contrastaban con la forma y ancho de la mayoría de los mortales, pero sí los divisó porque ambos caminaban de la mano.

12/02/2023

Corrían poco más de las tres de la madrugada cuando alguien tocó la puerta de Rosalía Azafrán, su sueño, desde siempre liviano y nebuloso, se destrozó en mil pedazos ante el estrépito de un timbre que pareció resquebrajar el silencio nocturno. Confundida y buscando su propia vigilia, la mujer bajó las gradas, cruzó el pasillo, sintió el olor de las begonias del jardín y abrió la minúscula ventanilla que tenía en su puerta.

04/02/2023

Cuando Alicia vio que por la calle corría un conejo blanco sosteniendo un enorme sobre, se alegró, fue un alivio sincero, un desahogo del alma, un respiro de calma en un mundo atormentado.

Ella sabía, como lo sabe usted o lo sé yo, que en la vida real todo iba y venía sin ton ni son, y todo funcionaba sin realmente funcionar.

Alicia se sentía devorada por una complejidad arrolladora, por un tedio infinito, por un sinfín de intransigencias y por un enmohecido sistema de salud.

21/01/2023

Nunca importaba la relevancia, prioridad o influencia fundamental de la temática actual, si el mundo se caía o si los políticos de morondanga la habían embarrado nuevamente; porque ante la novedad hueca, el ritmo polémico o el escándalo mayúsculo, no existía fuerza que se le enfrente.

14/01/2023

Parecía cosa del destino: irremediablemente todos sus hijos fallecían cuando estaban por cumplir los 33 años; de nada servían los consuelos de las amistades y los parientes con las cantaletas que reiteraban “es una bendición porque es la edad de Cristo” o las especulaciones que calculaban “es un número propio y natural de las ecuaciones más especiales”; porque a Humberta Osorio le valía un rábano la religión o la numerología, lo que ella quería era ver crecer a sus hijos sanos y salvos.

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