Yunga Pampa: Nido de Cóndores
// Texto: Alicia Cortés Soruco
Fotos: Kevin Alemán //
Cada vez que entramos al internet y a nuestras redes sociales, nos topamos con fotografías hermosas de países lejanos. Paisajes maravillosos que parecen desafiar las leyes de la física, escondidos en terrenos casi inalcanzables. Al ver estas fotos, nos sorprendemos de la existencia de lugares así y pensamos cuán hermoso sería conocer estos destinos, caminar entre las nubes, alcanzar la cima de las montañas e interactuar con la naturaleza que nos rodea.
Pero en ningún momento nos ponemos a pensar si ese tipo de lugares existen en nuestra propia tierra. Incluso cuando la respuesta a esa pregunta es un “sí” rotundo.
Con este pensamiento en mente, el equipo de Una Gran Nación (junto con Paceña) partió en búsqueda de un nuevo destino. Un lugar remoto y, a la vez, cercano. Un espacio escondido, secreto y absolutamente sorprendente. De la mano de Kevin Alemán, Daniel Orellana, Romy Paz y Juan Pablo Guardia, UGN fue a descubrir el alto refugio de Yunga Pampa, el hogar de los cóndores.
Como ya caracteriza a estas aventuras, la llegada fue desafiante. Ubicado en Tiquipaya, en el departamento de Cochabamba, Yunga Pampa es un destino que pocos ojos han presenciado. Caminatas largas, de seis a ocho horas, guían a los aventureros por caminos serpenteantes hacia la cima, donde espera el refugio. Con cada metro que se asciende, el paisaje va cambiando de las verdes y suaves colinas cochabambinas a un paisaje más duro, más arrogante. Altos cañones y caídas se muestran entre las nubes, como una amenaza sutil. Todo a nuestro alrededor parece susurrar palabras extrañas que hablan sobre la fuerza de la naturaleza.
Es una zona poco explorada, en su mayoría intocada por manos humanas, lo que hace que todo el entorno tenga un aire salvaje, puro e intrigante. Al llegar a la cima, nos encontramos con una construcción peculiar. Sobre una alta roca, está una casa. De líneas curvas y piedra vista, el refugio parece ser una extensión más de la montaña, mimetizándose con el paisaje.
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Alrededor, la nada. Caídas vertiginosas, cuyo final desaparece a la vista. Nubes blancas que se van acumulando a lo largo del día, como almohadas para los aventureros que llegaron. Los altos cielos, azules y despejados. Y por supuesto, los vecinos que dan el sobrenombre a este destino.
En las alturas más inalcanzables, lejos de la civilización y del ser humano, los orgullosos cóndores han construido su hogar. Estas aves, símbolo de nuestra patria, escogen las rocosas montañas y altos acantilados para hacer sus nidos y proteger a sus crías. Escondidos entre las enormes piedras y absolutamente escudados del exterior, los cóndores tienen un palco desde donde observan al resto del mundo. Un trono digno para los Reyes del Cielo.
La estadía en este destino desafía la lógica que UGN conocía hasta el momento. Un tesoro escondido en plena vista, Yunga Pampa solo está empezando a mostrarse. En años anteriores, existía un camino más sencillo para llegar. Sin embargo, la fuerza del río y de los elementos terminó por llevárselo. Hoy, el camino de ida representa con mucha más fidelidad la lección que el refugio y destino tienen para enseñarnos: no podemos luchar contra la naturaleza. Debemos trabajar con ella.
Hoy, subir a Yunga Pampa es una experiencia de fuerza, sabiduría y aprendizaje. Los caminos son guiados por la comunidad que vive en la zona, quienes acompañaron a Una Gran Nación en esta aventura. En las paradas y convivencias, compartimos desde anécdotas hasta la comida típica, viviendo una experiencia de conexión y encuentro con la tierra y las personas.
Tal como nos pasa después de cada aventura, El Nido de Cóndores dejó una impresión profunda, haciéndonos reflexionar sobre nuestro país, nuestra naturaleza y sobre nosotros mismos. Nuestros pensamientos se dirigían una y otra vez hacia la belleza increíble que presenciábamos, completamente capaz de competir con tomas neozelandesas o islandesas. Las altas montañas, los cóndores volando sobre nosotros, las nubes fantásticas y los acantilados son sencillamente increíbles.
Se nos informó que nuestro viaje representaría el grupo número veinte que visitaba este destino, haciéndonos uno de los primeros grupos en realmente entender la grandeza que nos rodea.
Porque cada vez está más claro: Bolivia lo tiene todo; altos picos y dulces valles, naturaleza sin igual, vida rebosante y paisajes de película. Kilómetros infinitos de tierra por ser descubierta y respetada, donde el boliviano aprenda a admirar su propio país y riqueza sin ponerla en peligro, disfrutando y cuidando la belleza de nuestro país.
Ahí, descansando entre nubes y rodeados por cóndores, entendemos de dónde surge la mística que nos rodea: de la libertad, la fuerza y el orgullo infinito que hacen de Bolivia, Una Gran Nación.




























