El precio de trabajar mucho y vivir poco
Cerrando el mes que conmemora, a nivel mundial, la importancia de la salud mental, Jesica Córdova comparte este artículo con la Revista OH!, con el fin de reflexionar y cuidar nuestro bienestar.
En los Países Bajos, el sector educativo, tanto escuelas como universidades, hace una pausa de una semana completa después de seis semanas de clases. La razón no es los feriados, sino la priorización de la salud mental.
Una semana de tiempo completo en educación es de 40 horas/semana y le corresponden 53,5 días de vacaciones (428 horas) que normalmente están distribuidas con este ciclo educativo que es de 6 semanas con una semana de descanso, incrementando a dos en diciembre (Navidad) y abril. Y seis semanas de vacaciones de verano.
En promedio, una persona que trabaja cinco días a la semana en Holanda puede llegar a tener alrededor de 53,5 días de vacaciones al año, sumando días hábiles, feriados y compensaciones. En otros sectores que no sean el educativo, se tiene un promedio de 27,5 días de vacaciones por año.
Esto no es un privilegio, sino una decisión social y gubernamental que busca preservar la salud mental y garantizar el equilibrio entre el trabajo y la vida personal. Si se requiere que el trabajador trabaje extra, este día adicional no siempre se paga con dinero sino con tiempo libre que se acumula en vacaciones.
La Ley del Trabajo pone límites claros a las horas laborales y desincentiva la auto explotación por el fin monetario. Las personas que trabajan más horas deben pagar impuestos más altos. Es decir, por cada hora extra o ingreso extra que se genera, se paga 50% a impuestos de esa hora.
Aún así, en 2024 se registraron 1.849 suicidios en el país —unos 10 por cada 100.000 habitantes— y cerca del 40 por ciento de los neerlandeses afirma haber sufrido ansiedad o depresión en el último año. A pesar de ello, los Países Bajos siguen siendo un ejemplo de equilibrio y prevención y de oportunidad de encontrar un balance entre la vida laboral y privada.
La excelencia que agota
En el otro extremo está Corea del Sur. Corea del Sur es una potencia moderna que ha hecho del trabajo su identidad. Las jornadas laborales suelen superar las 45 horas semanales, y la cultura de la competencia comienza desde la escuela. Allí, la presión por rendir es tan alta que muchas personas duermen en sus escritorios, y los descansos casi no existen.
En promedio, en Corea del Sur tienen vacaciones basadas en los feriados con la más grande que se dan entre el fin y el inicio del año académico. Después de una corta pausa de invierno. Las jornadas educativas son de 8 horas de clases y fuera de estas, las tareas y tutorías privadas. En total, tienen un promedio de 1760 horas (220 días) de clases comparados con 1040 horas de los Países Bajos.
El resultado: Corea tiene una de las tasas de suicidio más altas del mundo, con más de 23 muertes por cada 100.000 habitantes, y cerca del 30 por ciento de su población sufre ansiedad o depresión. Un país que alcanzó la excelencia económica, pero que aún tiene grandes desafíos por la soledad, altos niveles de estrés, salud mental.
La copia del modelo equivocado
En Bolivia, la ley establece 40 horas semanales para las mujeres y 48 horas para los varones. Sin embargo, la influencia estadounidense —y podríamos añadir, en cierta medida, la influencia coreana— ha hecho que se normalicen jornadas de hasta 10 horas/día, fines de semana, con apenas un promedio de 15 días de vacaciones al año.
La cultura del exceso se ha vuelto parte de la rutina diaria, y aunque trabajar más horas puede generar mayores ingresos, la pregunta inevitable es: ¿A qué costo? ¿Realmente ese dinero compensa lo que se pierde en salud mental, descanso o calidad de vida?
Hoy, cerca del 24 por ciento de los bolivianos sufre ansiedad, el 16 por ciento depresión, y el país tiene una de las tasas de suicidio infantil más altas de la región. A esto se suma que el Estado destina apenas 0,2 % del presupuesto nacional a salud mental.
Cada vez más personas dependen de medicación ansiolítica o antidepresiva para sobrellevar el estrés diario. En hospitales públicos y farmacias privadas se reporta un aumento constante en el consumo de alprazolam, clonazepam, diazepam y sertralina, reflejo de un país que trabaja demasiado y descansa poco.
El costo de la salud mental
El trabajo dignifica, pero no debería consumirnos. Vivimos en una era donde la productividad vale más que la tranquilidad, donde el descanso se percibe como pérdida de tiempo y donde la mente se quiebra en silencio. Pero, ¿de qué sirve ganar más si perdemos la paz mental? ¿De qué sirve llegar lejos si estamos agotados, ansiosos o medicados para soportar el ritmo laboral?
Los Países Bajos nos enseñan que se puede ser productivo sin perder humanidad. Corea demuestra que la excelencia sin equilibrio termina enfermando y generando suicidios. Y Bolivia nos recuerda que copiar modelos sin cuidar a la gente nos aleja del bienestar real.
La salud mental no es solo ausencia de enfermedad; es poder dormir en paz, disfrutar sin culpa, pensar con claridad y sentir que la vida tiene sentido. Y eso no lo da un salario, lo da el equilibrio. No vinimos al mundo solo a trabajar y sobrevivir, sino a vivir con propósito, con tiempo y con calma. Porque el descanso no es pereza, es salud. Y la salud mental no es un lujo: es el cimiento de una vida plena y verdaderamente humana.
Es comprensible que la mayoría de nosotros no trabajamos tantas horas por gusto, sino por necesidad económica. Sin embargo, el gobierno y las empresas deberían reconocer que la salud mental y emocional de sus empleados es una prioridad. Un equipo sano, equilibrado y motivado rinde mejor, crea más y se compromete más.
Cuidar el bienestar no es un lujo, es una inversión. A veces, vivir y disfrutar no pasa por las cosas materiales. Disfruten de una caminata en un parque, de un juego con sus hijos, de un café en calma o de un abrazo sincero. Es necesario darse tiempo de tomar una pausa, respirar, sentir, perder el tiempo viendo un amanecer o atardecer hermoso. La vida es hoy, y es fugaz. Así que vivan, abracen y disfrútenla así.





























