La vacuna, ni tan pronta ni tan confiable aún
Cosas de la angustia que ha desatado la pandemia, lo que resultaba insultante para el África en abril fue definido como “beneficio” y “privilegio” para cuatro países sudamericanos en julio. Uno de ellos es Bolivia. Junto a Brasil, Argentina y Chile se hallan en la lista de primeros receptores de la vacuna contra el coronavirus. Ésta llegó a sus etapas finales de experimentación en dos laboratorios de Inglaterra (Moderna) y China (Sinovac Biotech), respectivamente. Y avanzó entonces a la etapa de selección de países donde se harán las primeras pruebas masivas.
“No deja de ser una etapa experimental, aunque tenga el aval de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia de Regulación de Medicamentos y Alimentos de EEUU (FDA) y sus pares de otras potencias —dice el virólogo Jorge Terán Goen—. Hay nomás ciertos factores de preocupación, ya hubo problemas con vacunas relativamente recientes como la del papiloma y ésta alienta un espectro mucho más grande de aplicación. Sin embargo, se entiende que la pandemia ha precipitado una urgencia mundial”.
¿Qué tan listas se hallan las vacunas contra el coronavirus para ser probadas en humanos? ¿Qué tan listos se hallan los países elegidos para someterse a las pruebas? ¿Qué tanta prudencia se guarda de uno y otro lado? Esas son las preguntas que parecen definir el futuro de una de las salidas más demandadas para superar la crisis planetaria actual. Una de varias salidas, como bien recuerda alguno de los especialistas consultados.
Récords de investigación
Para la primera pregunta, cuentan los varios récords que el desarrollo de la vacuna anti-Covid-19 va marcando. “En cuestión de días se identificó al virus en los laboratorios de EEUU y luego fue publicado su genoma —explicó a OH! la bioquímica Violeta Mansilla—. Resultó algo realmente rápido para esto casos”. En efecto, el 10 de enero, los científicos chinos publicaron el genoma de un virus extraño, de propagación acelerada. Aquel genoma era similar al del virus que causó el brote de SARS en 2003, pero presentaba una más alta peligrosidad. Semanas antes, desde Taiwán ya se había reclamado a la OMS que asuma medidas, algo que no sucedió.
Tras la tardía reacción de las principales autoridades mundiales, sonó el campanazo para que decenas de laboratorios de todo el mundo comenzasen a diseñar las vacunas del caso. Hasta junio, 150 instituciones públicas y privadas de 22 países estaban investigando vacunas. Y ése constituye el otro récord histórico. Nunca tantos científicos se hallaban rastreando con tantos medios y tecnología una cura tan urgente para la humanidad.
En ese escenario, Terán precisa una nueva característica de esta masiva investigación: “La mayoría de los proyectos de vacunas en curso son de tipo genético, no se está trabajando con los métodos clásicos que se han empleado en las vacunas durante décadas. De hecho, las vacunas contra la gripe estacional se trabajan con vacunas estándar”.
Los tipos de vacunas
Una vacuna estándar consiste en inyectar ciertas partes del virus que penetran en las células cercanas al punto de inyección. Entonces el sistema inmunitario del cuerpo identifica como una amenaza a las moléculas de estos fragmentos, denominadas antígenos. Consecuentemente, el organismo reacciona y produce anticuerpos, es decir, produce unas proteínas capaces de encontrar el virus en cualquier parte del cuerpo y neutralizarlo. Tras esa experiencia, el sistema inmunológico logra aprender a deshacerse de los invasores y está listo para detener una infección en el futuro.
Para ello, la estrategia tradicional se basa en cultivar virus debilitados en células de diversos animales y extraer los fragmentos o antígenos. Y acá viene otro de los elementos diferenciadores de este caso: para virus conocidos que cambian cada año, como aquél que genera la gripe, suele tardarse entre cinco y seis meses en lograr antígenos aptos. En el caso de microorganismos nuevos, el proceso puede requerir cientos de intentos durante cuatro, cinco o más años. Pero la urgencia lanzada por quienes alertan sobre la actual pandemia ha demandado plazos más cortos.
He ahí el otro elemento innovador y preocupante para unos, como esperanzador para otros: dada la prisa para frenar la pandemia y sus consecuencias, la mayoría de los 150 laboratorios decidieron recurrir a las vacunas genéticas.
¿Cómo se desarrolla una vacuna génica o genética? Así lo explica Terán: “En base a la información que brinda el genoma del virus, se concibe un modelo de antígenos elegidos. Esto es una secuencia de Ácido Desoxido Nucleico (ADN) o Ácido Desoxido Ribonucleico (ARN), o sea, de las moléculas portadoras de instrucciones genéticas. Luego se inyecta ese ADN o ese ARN en células humanas”.
Según la explicación, basados en esas instrucciones, los sistemas celulares fabrican los antígenos del virus frente a los que reacciona el sistema inmunitario. Las células del organismo responden a esas instrucciones como una reacción normal de su existencia. A diferencia de lo que sucede cuando hay el contagio normal, pernicioso y hasta fatal, en este caso la multiplicación del virus es frenada prontamente.
“Los virus actúan como un parásito de las células. Cuando atacan por primera vez, el organismo no sabe identificarlos —ha explicado Rivera—. Luego van afectando a más y más células propagando la infección. Pero una vez que el organismo ya ha desarrollado sus anticuerpos, el virus resulta neutralizado”.
La genética
El virólogo cita otro nuevo elemento en el escenario: “Para desarrollar el antígeno en las células humanas, la mayoría de los laboratorios está apelando a moléculas de ADN. Algo que ya se ha hecho en el caso de vacunas para perros, caballos y otros animales, pero se ha tardado más en humanos. Ahora, entiendo que para ganar tiempo y apostar a mayor efectividad en Oxford, el laboratorio Moderna está trabajando directamente en el ARN, lo que conlleva un salto que era muy experimental hasta este tiempo. Sólo diré que espero que se hayan cubierto todas las preocupaciones inherentes al caso”.
Según los desarrolladores de Moderna, bajo ese procedimiento, se logra mayor velocidad para la obtención de la vacuna, pero además mayor potencia en sus efectos. Pero deben conjurarse los temores a los que alude Jorge Terán. Entre ellos cita el llegar a una absoluta seguridad de que no desate “replicaciones celulares no deseadas, lo que causaría otras enfermedades”.
Con todo, en cuestión de menos de medio año, dos laboratorios (Sinovac Biotech y Moderna) ya avanzaron las tres fases experimentales. Primero, una vez confirmada la funcionalidad esencial de una vacuna en cultivos de laboratorio, se evalúa en animales para ver si es inocua y genera respuesta inmunitaria. Luego, es probada en personas, ampliando progresivamente la cantidad de individuos, para confirmar la seguridad y los efectos secundarios. Finalmente, se trabaja con números cada vez mayores para determinar su eficacia.
Paciencia y prudencia
Se ha informado también que, frente a la pandemia, ese orden de procesos ha sido alterado y se han realizado varias etapas casi de manera paralela. Con todo, las célebres, y a veces temidas, campañas de vacunación aún demandarán paciencia a quienes las esperan. Casi todos los laboratorios predijeron que se contaría con una vacuna comercial para administración de urgencia o uso compasivo a principios de 2021 e incluso más entrado el próximo año.
No faltan los críticos. “Pareciera que se lleva a segundo plano el desarrollo de terapias que hagan superable esta enfermedad —le dice a OH! el cardiólogo e inmunólogo peruano Pedro Torrez Eguiluz—. En realidad, estas vacunas no están aprobadas para su uso; son experimentales. Lo crítico de esto es que el vector, es decir el adenovirus creado, debe ser defectuoso, no debe integrarse en el ADN o infectar células. Por ello, la creación del vector es un paso particularmente sensible para el cual los fabricantes tienen que garantizar la seguridad. Ya que la capacidad de integrarse al ADN y transformar las células es un riesgo que no puede excluirse por completo. Y las agencias reguladoras deben informar sobre este aspecto, sobre qué estudios garantizan que esto no ocurrirá”. Al cierre de esta edición, la noticia del día era el anuncio de Moderna sobre la confirmación de sus fases de experimentación de la vacuna anti-Covid-19. Brasil, el país más afectado de Sudamérica, se aprestaba a empezar pruebas en los primeros voluntarios. En Argentina, Bolivia y Chile se saludaba los anuncios de Oxford y las compañías sobre la elegibilidad de esos países para las primeras series de vacunación. No faltaron voces que calificaron aquellos anuncios como “elección de conejillos de indias”. Paralelamente, las curvas que señalaban los índices de contagios y muertes aún no lograban ser achatadas.























