La Odisea: una historia sin edad de nuestros conflictos íntimos
OH! y WMagazín
Incluso antes de su estreno, y más numerosos después, los comentarios críticos de sobre la última película de Christopher Nolan, La Odisea, abundan en las publicaciones internacionales, especializadas o no, incluida Los Tiempos.
Algunas de ellas se centran en la fidelidad del relato del filme respecto del texto original, escrito hace más de 2.800 años, o de sus más reconocidas traducciones a alguna lengua viva.
¿Cómo puede ser que una película basada en una obra literaria tan antigua y escrita por un autor más legendario que real, Homero, provoque ese efecto?
La respuesta la dan buena parte de esos comentarios que coinciden en no limitar su análisis a la fidelidad de las versiones de la narración, y la resume muy bien Winston Manrique Sabogal, periodista colombo-español, fundador y director de WMagazín.
“Desde hace casi tres milenios, cada época ha encontrado en La Odisea un espejo distinto. Su legado resuena en algunas de las grandes obras de la literatura universal y continúa inspirando nuevas reinterpretaciones, también en el cine.
La prueba más reciente de esa capacidad de renovación es la adaptación cinematográfica que Christopher Nolan estrenó en 2026 de La Odisea. Más que trasladar el poema homérico a la pantalla, el director británico propone una nueva lectura de la epopeya y demuestra que, casi tres mil años después, el viaje de Odiseo sigue interpelando al presente.
Su película vuelve sobre algunos de los grandes temas del poema: el desastre de la guerra, sus secuelas en las personas y las sociedades, la responsabilidad de las decisiones individuales y colectivas, la identidad, la lealtad a uno mismo, la expiación de las culpas y, por encima de todo, el amor y la belleza como fuerzas capaces de impulsar la vida o precipitar la tragedia.
Los dos viajes del héroe
Todo empezó cuando Homero retomó la historia de la Ilíada, la epopeya sobre la guerra de Troya, y compuso la Odisea.
En ella narra el largo regreso de Odiseo, rey de Ítaca y uno de los artífices de la victoria griega, conseguida gracias al ardid del caballo de madera que permitió conquistar Troya tras 10 años de guerra. El verdadero triunfo del héroe no será la caída de la ciudad, sino el difícil camino de vuelta a casa”.
Pero La Odisea no narra solo el regreso de un rey a su isla, sino el aprendizaje de un hombre transformado por sus decisiones, por el despertar de su conciencia, por el paso del tiempo, por la pérdida y por el conocimiento. Su historia puede dividirse en dos viajes.
El primero es exterior: dejar el hogar para combatir en Troya, donde su inteligencia culmina en el ardid del caballo. El segundo comienza cuando Odiseo emprende el regreso a Ítaca. Ese retorno poblado de obstáculos acaba convirtiéndose en un viaje físico, moral e interior en el que cada escala pone a prueba su identidad y su deseo de volver a ser quien era.
Y en esos viajes, Odiseo conoce, enfrenta, frecuenta la belleza, generadora de bienestar y caos y tragedia; el amor, motor y detonante de decisiones; el tiempo, la búsqueda de derrotarlo; la hostilidad y la guerra, la acechanza constante; la curiosidad, como impulso de la evolución humana; la nostalgia, compañera que entristece y alienta; la astucia y la fuerza, el binomio eterno.
Todo ello conduce al gran aprendizaje de La Odisea: reconocer y asumir las consecuencias de nuestros actos. “Porque nadie regresa de un viaje siendo el mismo que partió”.



























