¿ES BOLIVIA LO QUE EN LA COLONIA ERA EL ALTO PERÚ?
Durante generaciones hemos repetido que el territorio de la actual Bolivia fue el “Alto Perú”. Lo dicen los libros escolares, aparece en los discursos oficiales y se ha convertido en una expresión tan habitual que pocos se detienen a preguntarse cuándo comenzó realmente a utilizarse. La respuesta parece obvia, pero los documentos cuentan una historia más compleja.
Hace tres años inicié la búsqueda de fuentes primarias con un propósito específico: identificar el momento en que esa denominación apareció en la documentación oficial.
Las primeras búsquedas estuvieron orientadas a las recopilaciones de las Leyes de Indias y a documentos del periodo virreinal.
En ninguno aparece el apelativo “Alto Perú”. En la Descripción general del Reyno del Pirú, en particular de Lima, escrita a principios del siglo XVII, nuestro territorio es identificado como provincias de Charcas o simplemente Charcas.
ORIGEN DEL APODO
El resultado de la búsqueda conduce, al menos por ahora, a dos piezas fundamentales: un bando promulgado por el virrey José Fernando de Abascal el 13 de julio de 1810 y otro publicado por el mismo gobernante el 20 de febrero de 1813. Ambos permiten observar un cambio que, hasta donde alcanza esta investigación, no había sido destacado.
El primer documento fue emitido pocas semanas después de la Revolución de Mayo, en 1810.
Ante el derrocamiento del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y la instalación de una junta de gobierno en Buenos Aires, Abascal decidió reincorporar provisionalmente a la jurisdicción del Virreinato del Perú las provincias que, desde 1776, dependían del Virreinato del Río de la Plata.
Era una decisión política y militar destinada a contener la expansión de la revolución rioplatense.
Lo llamativo no es la medida, conocida desde hace mucho tiempo por los historiadores, sino la manera en que fue redactada.
Al justificar su decisión, Abascal afirma que la reincorporación responde a solicitudes formuladas por “el Señor Presidente de Charcas, su Real Audiencia, ... la Imperial Villa de Potosí, la ciudad de La Paz...”, y al decretarla dispone que queden agregadas al Virreinato del Perú “las expresadas provincias dependientes de la gobernación del Río de la Plata”. En ningún momento aparece el denominativo de “Alto Perú”.
No se trata de una omisión casual. El documento menciona reiteradamente a Charcas como unidad política y administrativa.
Si la denominación “Alto Perú” hubiera sido ya la oficial o de uso corriente para el gobierno virreinal, resultaría razonable esperar que apareciera precisamente en un decreto destinado a reorganizar la administración de ese territorio. No es así.
Este detalle adquiere mayor importancia porque el bando de 1810 suele citarse únicamente como prueba de la reincorporación administrativa de Charcas al Virreinato del Perú.
Sin embargo, una lectura atenta revela otro dato igualmente significativo: el lenguaje oficial empleado por el propio gobierno virreinal seguía identificando ese territorio como Charcas.
PRECISIÓN
Conviene añadir una precisión indispensable. El decreto de Abascal no significó que todo el territorio obedeciera efectivamente a Lima.
La medida fue, sobre todo, una decisión administrativa respaldada por las principales autoridades realistas, entre ellas el presidente de la Audiencia, el arzobispo y el cabildo de Potosí.
Pero, mientras esos sectores permanecían fieles a la Corona, numerosos revolucionarios charqueños establecieron relaciones con la Junta de Buenos Aires y continuaron la lucha contra el poder español.
En otras palabras, el documento refleja la posición del gobierno virreinal, no la realidad política completa de un territorio convertido ya en escenario de la guerra de independencia.
¿DESDE CUÁNDO ALTO PERÚ?
Es precisamente esa diferencia entre el documento y la realidad la que hace aún más interesante el problema del nombre. Porque si en julio de 1810 el propiovirrey seguía hablando de Charcas, ¿desde cuándo se utiliza oficialmente el apodo “Alto Perú”?
La respuesta empieza a encontrarse dos años y siete meses después.
En un nuevo bando publicado en Lima el 20 de febrero de 1813, Abascal ordenó la difusión de un decreto de las Cortes de Cádiz relativo a la participación de los eclesiásticos en las elecciones de los ayuntamientos constitucionales.
El contenido del decreto nada tenía que ver con la organización territorial; sin embargo, las instrucciones para su circulación incluyen una frase reveladora. El virrey dispone que el bando sea remitido a los “arzobispos y obispos del distrito y Alto Perú”.
Hasta donde alcanza la documentación reunida para esta investigación, esa es la primera vez que la expresión aparece en un documento oficial del gobierno virreinal consultado.
Pero no demuestra que el nombre haya nacido ese día ni impide que existan referencias anteriores aún no localizadas.
Lo que sí demuestra es que, entre julio de 1810 y febrero de 1813, el propio lenguaje administrativo del Virreinato del Perú experimentó un cambio. Donde antes se hablaba de Charcas, ahora aparecía el Alto Perú, pero hablamos de 1813. Antes de esta fecha, el apelativo no aparece por ningún lado.
Este detalle adquiere mayor relevancia porque la historiografía posterior terminó privilegiando el nuevo nombre y relegando el anterior. Con el tiempo, “Alto Perú” dejó de ser un apelativo utilizado en determinados documentos para convertirse, en muchos relatos históricos, en la denominación casi exclusiva del territorio previo a la creación de Bolivia.
EFECTOS
Esa sustitución produjo un efecto que pocas veces se examina: la continuidad institucional de la Real Audiencia de Charcas quedó oscurecida por un nombre cuya difusión parece haber sido más tardía de lo que generalmente se supone.
No se trata de una discusión puramente terminológica.
Los nombres condicionan la manera en que las sociedades interpretan su pasado. Si un territorio es identificado de forma permanente como “Alto Perú”, resulta más sencillo presentarlo como una prolongación natural de la historia peruana.
Si, por el contrario, los documentos muestran que durante buena parte del proceso independentista el propio gobierno español continuaba hablando de Charcas, la perspectiva cambia. No desaparecen los vínculos históricos con el Perú, pero sí se matiza una interpretación lineal que con frecuencia ha simplificado un proceso mucho más complejo.
Precisamente por eso el propósito de esta investigación no consiste en sustituir un dogma por otro. No pretende demostrar que la expresión “Alto Perú” sea falsa ni negar que llegó a utilizarse ampliamente.
Lo que propongo es algo más sencillo y, al mismo tiempo, más exigente: volver a las fuentes primarias antes de aceptar afirmaciones repetidas durante generaciones.
PRETENSIÓN ULTRANACIONALISTA
Desde su aparición, en una fecha posterior a 1810, la etiqueta “Alto Perú” fue utilizada por ultranacionalistas peruanos, como Agustín Gamarra, para justificar supuestos derechos del Perú sobre nuestro país.
Actualmente, ese rótulo es usado por operadores turísticos y aquellos peruanos que se apropian de elementos culturales bolivianos para incrementar visitas de turistas a algunos lugares del vecino país, especialmente los limítrofes con Bolivia.
La exhibición de danzas como la morenada, el tinku y la diablada, con un supuesto origen peruano, se basa en los momentos históricos que compartieron Perú y Bolivia, como el breve periodo del imperio incaico y el Virreinato del Perú, que en el caso del territorio de lo que ahora es nuestro país terminó con la creación del Virreinato del Río de la Plata, del cual pasó a depender desde 1776.
Entonces, la primera imprecisión es el supuesto origen compartido, que no existe. El historiador peruano José Antonio del Busto afirmó que el periodo incaico tuvo tres etapas: la curacal, la monárquica e imperial. En esta tercera, los ejércitos del inca se expandieron a territorios hoy bolivianos y estima que habría ocurrido aproximadamente en 1475. De ahí a 1533, cuando el Cusco cae en manos de los españoles, son apenas 50 años de historia compartida.
Otro argumento peruano es el periodo virreinal. El Virreinato del Perú fue creado el 20 de noviembre de 1542 incorporando al territorio hoy boliviano, que hasta entonces se manejó independientemente como Gobernación de Nueva Toledo.
La dependencia dura hasta 1776, cuando ese territorio, para entonces constituido como Real Audiencia de Charcas, pasa a control de la nueva entidad con capital en Buenos Aires. En este segundo periodo, la dependencia es de 234 años, pero tiene un final claramente determinado.
* Juan José Toro es fundador de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).
EL SUPUESTO DEL ORIGEN CONJUNTO DE 2 TERRITORIOS QUE hoy SON PAÍSES
¿Bolivia y Perú tienen el mismo origen? La pregunta volvió a surgir el año pasado, y con mayor fuerza, luego de que Puno presentara al pepino como un elemento cultural de esa región peruana, y lo incluyera en su festividad de la Virgen de la Candelaria. Asimismo, tanta importancia se les da en Puno a la diablada y la morenada que las han convertido en parte de su identidad regional.
En el afán de validar la pertenencia de danzas bolivianas que se ejecutan en algunos lugares peruanos como si fueran propias de ahí, hay quienes argumentan el un origen conjunto de ambos territorios, basándose en el hecho histórico de que Bolivia y Perú fueron uno solo en el pasado. Eso es cierto, pero a medias.
El territorio que hoy es Bolivia formó parte del Tawantinsuyu, un gigantesco Estado, que muchos llaman imperio incaico, que abarcó 2.500.000 kilómetros cuadrados, pero lo que pocos dicen es que este se formó por la fuerza, sobre la base de invasiones de los incas a territorios vecinos.
La invasión inca a esta parte del continente es de tiempos de Tupaj Inca Yupanki, entre 1471 y 1493, así que no se puede hablar de un mismo origen. Esa dependencia terminó en 1532, cuando Pizarro conquistó el imperio incaico con la ayuda de muchos de los pueblos que habían sido sometidos por los incas, incluyendo los de esta parte del Titicaca.
La relación más significativa entre ambos territorios es la del Virreinato del Perú, creado en 1542, y del que dependió Nueva Toledo, que después se llamó Real Audiencia de Charcas, hoy Bolivia.
Esa dependencia duró hasta 1776, cuando se creó el Virreinato del Río de la Plata y Charcas pasó a depender de este.
Ya en tiempos republicanos, Perú invadió Bolivia dos veces y, en tiempo de Andrés de Santa Cruz, se creó la Confederación Perú-Boliviana, que apenas duró tres años, de 1826 a 1839.
Con esas simples menciones se puede ver que el origen común no existe.
Perú y Bolivia tuvieron periodos de existencia conjunta, pero obligados por las circunstancias y, finalmente, llegaron hasta nuestros días como países con desarrollos diferentes.



























