El Calvario parece tener más vendedores que compradores. Al menos esa es la impresión que da la presencia del comercio que prácticamente ha cercado el santuario de la Virgen de Urkupiña
Son las 19:00 y las comerciantes empiezan a llegar poco a poco, para asentarse en la calzada de las vías que bordean el coliseo Max Fernández, en Quillacollo, dispuestas a una larga noche de trabajo.