El mal, en este punto remoto del planeta, está representado por el apetito desmedido de la deforestación que ubica a Bolivia entre los tres países del mundo con mayor pérdida de su bosque primario tropical y que durante el 2022 -según el informe de Global Forest Watch del Insituto de Recursos Mundiales- se deshizo de 386.000 hectáreas, un aumento del 32 por ciento en comparación al 2021.