Triple ofensiva chilena
Poco antes de que en Bolivia se minimizara el papel de los voceros de la causa marítima y se dijera que había que poner todos los huevos en la canasta jurídica, en Chile se diseñaba una nueva estrategia que enfatizaba lo político y lo mediático por encima de lo jurídico.
La presidenta Bachelet emuló la estrategia boliviana que originalmente consistía en cuidar tres frentes a la vez. Ante la derrota de su excepción por incompetencia Chile tomó en serio el desafío jurídico. Cuando Carlos Mesa deslumbró desde Santiago a la opinión pública chilena en una entrevista televisiva, Chile dejó de despreciar la vocería. Para asumir plenamente la importancia fundamental de lo político la presidenta Bachelet puso a José Miguel Insulza a cargo de la demanda, dejando al canciller Heraldo Muñoz fuera de juego.
Como flor y nata de lo político Bachelet no pudo encontrar nadie mejor en Chile que José Miguel Insulza, conocido en su país como el “Panzer”. La inteligencia y capacidad política de Insulza dentro y fuera de Chile están fuera de toda duda. Si alguien es capaz de comprender los orígenes y alcances de la demanda boliviana y de resolverla en serio, es este señor. Confiando en su excepcional olfato político, el presidente Evo Morales invita reiteradamente al hermano Insulza para que venga a dialogar a La Paz, sin aludir a su actual cargo de Agente de Chile en La Haya.
Tan temible es el aura política de Insulza que el diputado Jorge Tarud, miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de Chile, la entendió a su manera: “Aún estamos a tiempo para que la presidenta Bachelet revise su designación para nombrar en ese cargo a un jurista con vasta experiencia en derecho internacional que se aboque de lleno a la defensa de Chile ante la demanda de Bolivia y que no utilice este cargo como una plataforma electoral (…)” (The Clinic On Line 16 de enero de 2016).
En busca del mejor comunicador mediático para su troika, Chile contrató al consultor estratégico Ascanio Cavallo, socio de la exitosa consultora empresarial y política Tironi Asociados, con sucursales en el Perú, España, Estados Unidos, Uruguay… y por cierto Bolivia. Su carta de presentación fue nada menos que una entrevista en El País de Madrid, coincidente con las declaraciones de Insulza.
La extraordinaria coincidencia de las declaraciones de Cavallo con las de Insulza justo antes del Día del Mar indica el surgimiento de una estrategia que apunta a modificar la opinión pública boliviana en un sentido favorable a Chile. A la dupla Insulza-Cavallo se une la presentación de un video algo ingenuo por parte del canciller Heraldo Muñoz, en el que se pretende mostrar que Bolivia tiene un acceso incomparable al Puerto de Arica; que los descendientes de bolivianos en Arica no podrían estar más contentos de ser ciudadanos chilenos; y que los residentes bolivianos y sus hijos están igual de felices con todas las maravillosas ventajas que les ofrece Arica.
Aunque sus esfuerzos han sido desiguales, Chile nos lleva ventaja porque se ha dado cuenta de que lo más importante de este diferendo es empezar a influir sobre la opinión pública del otro país. A pesar que contamos con cañones mediáticos de mucho mayor calibre que los chilenos, y con excepcionales cineastas y videoastas, nuestros esfuerzos de llegar a la opinión pública chilena se han quedado cortos porque no hemos tomado en serio la importancia definitoria de este esfuerzo.
Por el momento y de una manera muy efectiva, aunque algo solitaria, el presidente Evo Morales ha desplazado a la artillería chilena de los titulares mediáticos con el anuncio de una nueva demanda sobre las aguas del Silala. Es un buen momento para coadyuvar a esta oportuna iniciativa jurídica con un renovado esfuerzo mediático y una bien tejida diplomacia.
Chile sostiene que las aguas del Silala forman parte de un río de curso internacional, mientras que en el caso del Río Lauca, que es a todas luces un río de cauce internacional, Chile tiene la posición opuesta, simplemente porque así le conviene. Si se presentan demandas sobre los dos casos más o menos a un tiempo, se demostrará la patente contradicción legal de la parte chilena. Por cierto habría que hacerlo antes de que Chile se retire del Pacto de Bogotá. Si lo hace, quedará expuesto su justificado temor a la justicia internacional.
Indudablemente la parte más sólida de la ofensiva chilena se encuentra en las declaraciones de Insulza en respuesta a un inteligente cuestionario de La Razón de La Paz publicado el 21 de marzo de 2016, a dos días de la celebración del Día del Mar en Bolivia. Pregunta: ¿Cómo ve a Bolivia y Chile tras el juicio? Respuesta: “Chile y Bolivia serán vecinos por siempre. Por eso deben respetarse, cuidarse y cooperar. Toda otra opción es, a la larga, inútil. Al final del juicio, quedaremos solos frente a frente y obligados a convivir y entendernos.”
Excelente respuesta. Pasa el juicio y queda la política. Falle como falle la Corte, tendremos que sentarnos en una mesa de negociaciones. Lo que queda por determinarse es la modalidad de nuestra vecindad. El reclamo boliviano, por ahora adelantado mediante una primera demanda jurídica ante La Haya, pone a prueba la buena fe y la voluntad política de ambas naciones de convivir y entenderse tal como lo recomienda Insulza. Debemos ser capaces de hacerlo más allá de si una parte vocifera e insulta y la otra desdeña y engaña. ¿No es verdad amigos chilenos?
Nuestra demanda actual es de naturaleza exclusivamente jurídica. Así la está manejando el agente Eduardo Rodríguez Veltzé. Eso no quiere decir que esta demanda se lleve a cabo en un ámbito absolutamente aséptico, fumigado contra todo lo que huela a acción política o mediática. Es necesario administrar una gama de realidades palpitantes que existen fuera de la Corte y que forman parte de su entorno.
Un óptimo manejo del asunto requiere de tres esfuerzos complementarios: el diplomático, el mediático y el jurídico. La clave del éxito está en la buena conducción de esta troika. Esa es una tarea fundamentalmente política, que corresponde al jefe de gobierno o de Estado.
Muchos en Chile han celebrado la derrota de la propuesta de enmienda constitucional que hubiera permitido la repostulación del presidente Morales en las elecciones presidenciales de 2019. Se equivocan si piensan que esa derrota se puede leer como un rechazo a la política proactiva de Morales respecto a Chile. Es una política que goza del apoyo de todos los bolivianos.
El autor es consultor.
Columnas de WALTER GUEVARA ANAYA

















