Codicia obsesiva
¿Está el sistema político capacitado para resistir a un presidente que cree no tener límites a su poder? El referendo envió un mensaje a Morales y es el de que está deslegitimado, ya no cuenta con la confianza de los bolivianos y, en ese sentido, el referendo es un mecanismo legitimador poderoso, pero eficaz sólo a condición de que la propia sociedad haga respetar el resultado.
Morales, como relativista moral y político, hostil a los valores e ideas democráticas, recurre al mitin-espectáculo de sus fieles, la trinchera donde se deja acariciar los oídos para rearmarse y arremeter contra la democracia y las leyes. Intenta victimizarse creando un “clima de fabulación colectiva emocional” con la supuesta “mentira” para sustituir una decisión política fundada en la racionalidad de la ley, con una falacia argumental emocional. Alega que el principio democrático está por encima del principio de legalidad y que, por lo tanto, aunque no sea legal, es democrático.
Si no se pone freno a esta actividad ilegal, la actividad ilegal continuará y empeorará. Aceptar una de las cuatro vías sería una regresión en nuestra madurez no sólo personal, sino democrática. Se trata de la ambición desmedida de individuos que persisten en su perpetuación en simulacro democrático.
Es una experiencia de siempre que todos aquellos que están en una posición de poder sienten la inclinación de abusar de él, hasta donde encuentran límites. La solución no pasa por la Carta Magna, que está demostrado, no ampara la democracia ni pone freno a los abusos de los gobernantes que se atreven a contradecir lo decidido el pueblo. La única posibilidad de evitar ese desborde de autoridad es enfrentar al poder con otro poder: el del ciudadano en las calles. La vacuna contra el despotismo y la egolatría es la limitación de mandatos. Limitar los mandatos presidenciales es un cheque contra el culto a la personalidad. Cuatro mandatos, o 19 años en el poder, es la amenaza más peligrosa para nuestra libertad.
Esta ambición desmedida lo ocupa todo, es el monotema del Gobierno que impregna sus informativos y publicidad pagados por todos, sin importarles que han olvidado la gestión. En este contexto, los medios públicos y privados de comunicación no advierten que son cómplices del Gobierno cuando difunden y defienden su desacato a las leyes y a la Justicia. Es la cultura destructiva de nuestra seudodemocracia que lleva implícito el germen de una nueva modalidad de “autogolpe” dirigido a ignorar la voluntad popular, pues en definitiva, son los mismos sujetos quienes quieren seguir ejerciendo el poder, para lo que aplicaran la prospección normativa: intentaran torcer la ley para lograr su fin. En lo que se equivocan es en el análisis de vulnerabilidad respecto a las variables en juego: La imagen de Morales está deteriorada. Hay autogolpes que fracasan y la diferencia es atribuible a la dirección que toma la opinión pública. El peso del público, en esta posibilidad de fracaso, es vital. El poder no es eterno. Saber cuándo dejarlo es importante para ser viable en el futuro.
El autor es abogado .
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