“Salus populi suprema lex”
El Gobierno amplió la cuarentena hasta el 30 de abril, comprendemos que la finalidad del confinamiento y de las prevenciones es disminuir la progresión de los contagios, pero los datos indican que éstos aumentan y nadie sabe si después de tres semanas hemos llegado ya al pico de la crisis. Como forma de determinar si la terapia que se está aplicando resulta eficaz al valorar el número de contagios y de muertes tras la primera declaración del estado de emergencia sanitaria.
Tenemos claro que lo primero es salvar vidas; después, salvar empleos, pero debemos ser conscientes de que la crisis está teniendo graves efectos secundarios económicos, psicológicos y sociales que afectan a todos de una manera u otra.
Hay que encontrar un equilibrio entre ambos imperativos: el sanitario, que es inmediato, y la necesidad de que la sociedad siga funcionando. A la hora de valorar si se mantiene o se modifica el tratamiento decidido, la pregunta clave es si los beneficios justifican los efectos secundarios.
Según los recientes estudios, la fase de alto riesgo de contagio se concentra desde dos días antes hasta tres días después del inicio de los síntomas, no abarca todo el periodo de la enfermedad. El porcentaje de la población potencialmente contagiosa es muy inferior al 1% y, en el caso de que una persona resulte infectada, el riesgo de sufrir complicaciones graves también es bajo, aunque aumenta con la edad.
Más del 80% de afectados supera la enfermedad sin complicaciones y sin secuelas. Los porcentajes mayores de afectados se concentran en los ancianos y uno de los focos donde se transmite la epidemia son los centros sanitarios. La mayoría de la población no ha contraído la infección y otra buena parte también la ha superado y se presume que éstos ya no pueden transmitir el virus.
Esto significa que el riesgo de que una persona resulte infectada por el virus en el trabajo, en un comercio o en el transporte público es en este momento, no nulo, pero sí muy bajo si se guardan escrupulosamente los recaudos recomendados y se controla la obligatoriedad de su cumplimiento.
¿Hasta cuándo estaremos confinados? Mientras no se produzca una vacuna habrá infectados. Esto conlleva a una decisión tan prudente como práctica: hay que perder el miedo al coronavirus y aprender a convivir con él. Convivir no significa erradicarlo, objetivo en este momento imposible. Significa que seamos capaces de detectar los nuevos brotes, aislar y tratar a los pacientes, identificar y poner en cuarentena a sus contactos, y evitar cadenas descontroladas de contagios.
El objetivo no es conseguir cero contagios, lo que es improbable, sino de reaccionar inmediatamente ante los nuevos que se produzcan, manteniendo el sistema de vigilancia epidemiológica en alerta y en revisión diaria las medidas que se están tomando.
Si se mantiene el miedo al virus, el confinamiento será indefinido. Esto recomienda un meditado desconfinamiento secuencial.
El autor es abogado Constitucionalista, Torresarmas1@hotmail.com
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