“Vuelvo a estudiar”
Es el nombre del programa que me impresionó cuando lo presentaron en Panamá, a comienzos de abril, en el seminario regional “Fortaleciendo la profesión docente”.
“Vuelvo a estudiar” es un programa de inclusión educativa del Ministerio de Educación de Santa Fe (Argentina) que, desde el 2013, está dirigido a jóvenes y adultos que no han concluido su educación secundaria. Inclusión busca, y lo resalto, porque, en algún momento, la escuela los excluyó. Tal cual. No fue capaz de retenerlos. La escuela, tan ocupada con los que están adentro, no se interesa en ir detrás de los que la dejan por no encontrar respuestas a sus necesidades de aprender.
Hice mía la pregunta planteada por las autoridades y técnicos que presentaron el programa: ¿formamos a los docentes para excluir a los estudiantes o para incluirlos? Serio interrogante que traslado a mis lectores.
“Vuelvo a estudiar” despliega una serie de estrategias para que los estudiantes retornen, permanezcan y egresen del colegio. No espera a que ellos vuelvan por la publicidad en los medios de comunicación. No. ¡El programa va a buscar casa por casa a los que se fueron! ¿Se dan cuenta? Es al revés de lo que hace habitualmente la escuela: esperar a que los alumnos lleguen. “La clave es ir a buscar a los chicos, que te abran la puerta y te digan que tienen ganas de volver a la escuela”, es el testimonio emocionado de una de las nuevas docentes que requiere este programa. ¿Estamos formando a los profesores para esto?
El programa diseña para cada caso una estrategia que le permita volver a estudiar. “Tuve que abandonar en cuarto año para empezar a trabajar porque mi papá y mi mamá no estaban trabajando”. “Quedé embarazada…”. Se centra en la apropiación y construcción de aprendizajes que posibiliten nuevos proyectos de vida. Para recibirlos, las escuelas cambian hasta convertirse en un espacio motivador y diseñan trayectorias educativas de calidad, atendiendo a la realidad de cada uno. Un grupo de consejeros, acompaña a los jóvenes fuera de la escuela, para que logren sortear los inconvenientes que aparezcan en su escolarización. ¿Estamos formando a los maestros para esto? Porque no son pocos los adolescentes que lo necesitan: ¡En América Latina, casi el 50% se va de la escuela en secundaria!
El programa logró que más de 12 mil estudiantes santafesinos retomaran los estudios secundarios en los últimos cuatro años. Fue premiado como la mejor práctica innovadora de inclusión socioeducativa de Latinoamérica.
Desarrollos teóricos y didácticos, antaño, dieron forma al actual sistema educativo, montado sobre premisas promotoras de exclusión, que se instalaron como verdades en la escuela. Detrás de experiencias como la que comento, están nuevos conceptos: las cronologías de aprendizaje. Concepto que permite comprender las trayectorias escolares como recorridos singulares y heterogéneos, acordes a las necesidades de cada uno. Rompen con el presupuesto hecho verdad en la escuela, que todos tienen que aprender las mismas cosas y al mismo tiempo. La escuela ofrece aprendizajes monocrónicos y homogeneizadores, reñidos con las cambiantes nuevas realidades plurales, diversas, que hoy viven los jóvenes.
Temo que los esfuerzos plausibles para la formación de nuestros docentes, sólo busquen resolver los problemas de ayer. Es insuficiente. Prospectivamente, tienen que mirar a las nuevas realidades sociales. Las trayectorias reales de aprendizaje de muchos jóvenes de hoy distan mucho del modelo teórico trazado para todos, por la escuela, con ignorancia de las cronologías diversas de aprendizaje. ¡No todo el mundo cumple su escolaridad en 12 años que van desde los 6 hasta los 18! La escuela tiene que aceptarlo. Los itinerarios que recorren los niños y jóvenes en el sistema educativo no son homogéneos ni lineales. Y eso produce nuevos desafíos a las escuelas y a los maestros que estamos formando.
El autor es doctor en Ciencias de la Educación.
jorge.riverap@tigomail.cr
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