Centralismo histórico
Uno de los males históricos de Bolivia es el centralismo. Así, el modelo de Estado boliviano en gran parte de nuestro devenir fue unitario y centralista. Lo anecdótico es que en más de una ocasión hubo aprestos descentralizadores y hasta federalistas, pero no pasaron de cháchara de quienes aspiraban ocupar la silla del centralismo.
Ese fue el caso de la mal llamada Guerra federal de finales del siglo XIX. Se enfrentaron dos plutocracias por el control del poder: la plutocracia de la plata en declive y con base territorial en el eje Sucre-Potosí, y la plutocracia del estaño emergente con base territorial en el eje La Paz-Oruro. Ganaron la guerra estos últimos, los supuestos “federales”. ¿Y qué pasó? Pues, una vez en el poder, los “federales” lo único que hicieron fue trasladar el centro de poder de Sucre a La Paz y fueron tan centralistas, autoritarios, monistas y excluyentes como sus predecesores conservadores.
Otro momento histórico importante respecto del intento de descentralizar el Estado en Bolivia, fue la década de los 90 del siglo XX. Hubo logros interesantes mediante el reconocimiento de las autonomías municipales y la otorgación de potestades decisorias a organizaciones de la sociedad civil (OTB). Esa fue la estructura de oportunidades políticas (categoría de la ciencia política) que solventó el surgimiento de nuevas fuerzas políticas que nacieron a nivel local y luego crecieron tanto, que hoy son protagonistas del escenario político actual.
En consecuencia, en el siglo XXI se intentó avanzar aún más en la descentralización hacia una organización territorial que reconociera la diversidad cultural y multiétnica de Bolivia: El Estado plurinacional. El Estado plurinacional se refiere al reconocimiento de que en un Estado conviven distintas culturas e idiosincrasias. Entonces, la idea es descentralizar el poder y la toma de decisiones, que las distintas culturas se autodeterminen de acuerdo con sus necesidades y no estén a merced de la mano tirana de ningún Estado central. Por ello, el Estado plurinacional viene acompañado de un modelo de Estado autonómico, es decir, descentralizado. Con este nuevo ordenamiento territorial se beneficiarían principalmente los pueblos indígenas que fueron espoliados, relegados y discriminados por el Estado monista.
Sin embargo, los supuestos promotores del Estado plurinacional del MAS, resultaron tan centralistas como cualquier plutócrata tradicional “republicano”. Para el MAS el “Estado plurinacional” no pasa de discursos y simbolismos huecos (como reivindicaciones de pedazos de tela) que no reflejan su real práctica política. Al estilo del PRI mexicano o del MNR inspirado por Mussolini, el MAS procura cooptar cada resquicio del poder y del territorio para pintarlos con su monista dogma partidario. Y no mide los medios para lograrlo, ni siquiera le importa el haber replicado las praxis corruptas, clientelares, abusivas y autoritarias del Estado republicano: trastocan en funcionales a las organizaciones rebeldes, obstaculizan las autonomías indígenas si se salen de su libreto o combaten a los indígenas de tierras bajas para imponer su colonial, extractivista y destructivo modelo productivo.
¿Y saben qué es lo peor? ¡Que la oposición partidaria suele ser igual o peor de centralista y se mueve bajo la misma sed autoritaria de poder y de control! ¡Sólo basta ver la práctica política de las gestiones de Camacho y Reyes Villa, como ejemplo!
En suma, como los “federales” de antaño, en Bolivia abundan los “descentralizadores” cuando no son ellos los que controlan el poder. Una vez que controlan el poder, pues sálvese cualquier intento de descentralización, de reconocer las diferencias, de consagrar la diversidad, de restarle poder al poder.
La autora es socióloga
Columnas de ROCÍO ESTREMADOIRO RIOJA




















