Gracias a los bolivianos solidarios
Las noticias sobre los conflictos en Bolivia a menudo suelen contarse desde los actores que están en el problema, sus necesidades y medidas de presión. Son, realmente, muy pocas las veces en las que además se mira y se informa sobre quienes, en medio de la confrontación, marcan la diferencia con su empatía y solidaridad.
En ocasiones nos acostumbramos al recuento diario de los puntos de bloqueo, sus efectos y consecuencias. Las cifras del daño económico y, claro, las pérdidas. Pero, es reconfortante saber que en medio del altiplano y las montañas donde el viento y el frío son más intensos, también, surgen historias de hermandad.
En Bolivia, golpeada por los bloqueos más largos de los últimos tiempos, de más de 50 días o casi dos meses, hay personas que ayudaron a los que más lo necesitaban, los choferes retenidos, sin tener nada que ver en el conflicto, en las carreteras en condiciones inhumanas.
Mientras las soluciones políticas demoraban en llegar, con el acuerdo con la Central Obrera Boliviana en los 50 días de bloqueo y el estado de excepción que prohíbe cerrar los caminos, miles de choferes del transporte pesado quedaron atrapados a su suerte en el eje troncal.
Pero allí donde las instituciones y el Estado tardaron en llegar emergió uno de los valores más importantes: la solidaridad.
No podemos pasar por alto la historia de aquella familia orureña que llegó en una camioneta con abarrotes y verduras a Confital, en la ruta Oruro-Cochabamba, para ayudar a los choferes que llevaban más de 40 días en uno de los bloqueos más duros y que fue uno de los últimos en desbloquearse el lunes 22 de junio.
Tampoco se puede olvidar a la mujer, ahora llamada ‘mamita’, que brindó alimentos y abrigo a los choferes retenidos en Desaguadero, uno de los puntos donde los bloqueadores hostigaron más a los conductores impidiéndoles el paso con barricadas de piedra y tierra y detonaciones de dinamita.
También vivirá en la memoria de muchos conductores afectados por los bloqueos, don Marcelo, un poblador de Desaguadero que les abrió las puertas de su casa, una humilde construcción en medio del altiplano, que un día cualquiera pasa desapercibida en la imponente carretera; pero, que durante 50 días fue más que un refugio para los prisioneros de los bloqueos.
Los bloqueos, tarde o temprano, se levantan. Las carreteras vuelven a limpiarse y los motores se vuelven a encender. Llegan las despedidas y toca decir adiós a esa mano solidaria que nos enseña que, a pesar de todos los esfuerzos por dividir a los bolivianos por el color de piel, la ideología y el origen, hay ciudadanos que mantienen espíritu de forjar un país mejor, más solidario, más unido y más pacífico. Gracias, a todos los que marcaron la diferencia y demostraron una gran solidaridad al compartir lo poco que tenían con los transportistas rehenes.

















