El viento ya nos advirtió
Las fuertes ráfagas de viento que sorprendieron a los cochabambinos el pasado viernes y que alcanzaron una velocidad de hasta 60 kilómetros por hora, que provocaron zozobra entre los trabajadores de edificios que quedaron expuestos a gran altura, mostraron la falta de seguridad laboral en la que desarrollan sus labores cotidianas y las falencias que existen en la región metropolitano para enfrentar este tipo de contingencias.
El viento no solo derribó ramas, árboles, calaminas, vallas de publicidad y generó una enorme cantidad de polvo que impedía ver el horizonte; sino, que puso en evidencia la inseguridad con la que convivimos en las calles por los cortes de energía eléctrica, internet, árboles caídos que aplastaron vehículos o bloquearon vías de alto tráfico. Sin embargo, lo más alarmante fueron los trabajadores expuestos al peligro suspendidos a varios pisos de altura en los edificios.
Los videos, en los que se ve a los albañiles cuando intentaban sostenerse sobre un par de tablas en edificios de más de 10 pisos y amarrarse con sogas a los pilares para no ser arrastrados por el viento y perder la vida, deben interpelar a las instituciones a cargo de la seguridad industrial y la construcción. Todo indica que fue la reacción de sus compañeros la que evitó una tragedia.
Lo ocurrido en Cochabamba no se puede atribuir únicamente a un fenómeno meteorológico, porque los vientos, así como una granizada o una nevada son eventos naturales inevitables que se pueden presentar en el momento menos pensado y provocar estragos. Lo sucedido es gran medida fruto de la improvisación con la que se manejan varios rubros, entre ellos el de construcción, y la falta de una cultura de seguridad laboral, que hace que en ocasiones sean los propios trabajadores quienes se resistan a usar los equipos de protección personal por una supuesta comodidad.
La emergencia que vivió Cochabamba debe servirnos para exigir que las normativas de seguridad ocupacional se apliquen y se realicen fiscalizaciones constantes, además, de verificar que los albañiles cuenten efectivamente con un seguro que los cubra de todo riesgo para la construcción.
El ventarrón que provocó la caída de árboles en vías es otra alerta para que las alcaldías trabajen de manera preventiva al retirar las especies que han cumplido su ciclo de vida y se haga la reposición por nuevas.
Lo vivido el viernes con un evento puntual que duró casi una hora debe ser asumido por las personas y las autoridades como una alerta para desarrollar una cultura de prevención integral y una fiscalización rigurosa de las construcciones. El viento ya nos dio la advertencia; ahora, depende de nosotros y de los responsables de la prevención deben ejecutar las acciones para reducir los riesgos al mínimo.



















