“Cocodrilos”, el cuento ganador del concurso Crispín Portugal: Sensaciones emotivas
Mi padre y mi abuelo fueron a buscar al chancho montés en Jarquillas. Les dijeron que en agosto estaría gordo, fácil de cazar y listo para aprovechar su carne. Tardaron poco en darse cuenta que eso era un mito, y les tocaría volver a casa con las manos vacías. Al regresar, visitaron a la familia del abuelo en Sangamanga, donde criaban chivitos y vendían limón, papaya y dátil.
En agradecimiento y alegría por la visita, les regalaron dos crías de una de sus cabras: una blanca y otra café. No había chancho montés, pero sí carne tierna y gorda, para disfrutarla con la familia.
Llegaron del viaje con los dos compañeros que encontraron en el camino. Con la emoción, mi hermano y yo los llevamos de paseo, devoraron el pasto que encontraron y comenzaron a comunicarse a gritos entre ellos.
Mi abuelo salió a buscar a las que creíamos nuestras mascotas por un día, pero le explicamos que estaban descansando y comiendo un poco.
—No se encariñen tanto, no son mascotas —dijo, mientras movía el dedo índice como advertencia.
Volvimos donde los habíamos dejado, pero no estaban; quizás alguien se los había llevado o fueron a buscar a su mamá porque la extrañaban.
—¡A sus chivos se los llevó don José, el corregidor! —nos gritó doña Gualala desde su tienda.
—¿Por qué? ¿Qué hicieron? ¡Qué les van a hacer! —gritamos desesperados.
—Vayan a pagar la multa y los recuperan —respondió, disimulando la risa que le causábamos.
Pagamos 20 bolivianos de multa por el delito municipal cometido, y mi mamá firmó el compromiso de que recojamos la basura de la plaza principal por una semana.
—Ojalá así aprendan a cuidar sus cosas. Vamos a la casa para que descansen sus chivos. Ustedes se van a tomar su leche con Toddy y a la cama —decía mi madre mientras caminábamos cabizbajos.
Al despertar buscamos a los animales, pero habían salido de paseo con mi papá.
—Vayan al ojo por agua, y de paso, aprovechen de recoger el mote que encargué donde doña Gualala —gritó mi abuelo a la vez que lavaba sus cuchillos.
Al volver por la chek’anchana un aroma delicioso a carne, papas y verduras al horno nos hizo olvidar ir por el mote. Nos esperaron con una comida que nunca habíamos probado; tenía un sabor tan rico a carne jugosa, cocida lentamente en el horno y con una sazón inigualable, que inclusive pedimos la ración que estaba guardada para la cena.
Terminamos de comer… Los huesos eran delgados y pequeños como nunca antes habíamos visto. Los revisamos una y otra vez, cada minuto con más desconfianza y tristeza, cada vez con más culpa. Lloramos, quisimos armar nuevamente a cada uno, no sabíamos por dónde empezar, nos faltaban los huesos de su cabeza, de sus patas y de su cola, que los guardaron para hacer thimpu.
Mi mamá nos consoló por un momento y mi papá trató de explicarnos el ciclo de la vida de un animal y su función en la pirámide alimenticia, pero se cansó y nos dijo:
—¡Solo los cocodrilos lloran después de comer a su presa! —mientras nos entregaba, a cada uno, los cueros de las crías de cabra para que nos abriguen en el invierno.
Sobre el concurso
El concurso llamado Crispín Portugal, lanzado por Yerba Mala Cartonera, hizo el llamado a que jóvenes menores de 35 años a participaran y para que escribieran dos cuentos cada uno. “Son diez cuentos de cinco escritores jóvenes que con sutileza van moldeando escenarios y personajes tan reales, tal cual como uno puede ser y que nos invitan a ser partícipes de ellos, a adentrarnos fácilmente en diversos temas que nos ayudan a ir motivándonos cada vez más a descubrir el relato de cada cuento”, expresó Francisca Gaete Trautmann, periodista chilena.
“‘Cocodrilos’, de Gabriela Carrasco, es un cuento que evoca ternura ante los ojos de cualquiera. Es simple, te hace ser parte de la atmósfera en la que los protagonistas habitan el corazón enternecedor de los niños y los golpes de la brutal realidad del ciclo de la vida, en general. Es sencillo y directo. Muy bien contextualizado y a su vez con una estructura bien lograda”, asegura.
Yerba Mala Cartonera alista la publicación de un libro con todos los textos ganadores de dicho concurso.
GABRIELA CARRASCO
Nació en Sucre (1990). Comunicadora y contadora de historias. Se formó en Comunicación Social (2015) e Ingeniería Comercial (2013) en la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, donde publicó artículos para el periódico de la carrera de Comunicación Social. Cuenta con estudios de posgrado en Storytelling, Literatura, Poesía y Narrativa, así como también en Comunicación Corporativa y Digital. Actualmente trabaja en el área de Comunicación Corporativa e Institucional y es docente de pregrado en las carreras de Comunicación y Relaciones Públicas.




















