La chola paceña: identidad y cultura que reinventan la moda desde las raíces
Al llegar a la ciudad de La Paz, la primera impresión no siempre la regalan las montañas de la Cordillera de Los Andes ni el cielo profundo del altiplano, sino el rostro y la silueta inconfundible de la chola paceña.
Con el vaivén de su pollera, la manta sobre los hombros, el sombrero ala corta y el paso firme de sus zapatos planos, su figura se convierte en un símbolo que da la bienvenida a quienes descubren La Paz, que este jueves conmemora los 217 años de su gesta libertaria.
“La chola paceña es identidad, cultura y una forma de reinterpretar la moda y la modernidad a partir de un entorno local”, destaca el antropólogo y jefe de la Unidad de Extensión del Museo de Etnografía y Folkore (Musef), Milton Eyzaguirre, en una entrevista con la ABI.
Para el experto, hablar de la chola paceña tiene un profundo significado e historia, que es menester recordar. Según su explicación, su indumentaria tiene dos tipos de orígenes: uno, el relacionado al área rural de España; y dos, el ligado al contexto local andino.
En el contexto local, antiguamente, esta vestimenta estaba relacionada con prendas como la falda, almilla, anaco y urku. Ésta última, por ejemplo, llegaba a medir aproximadamente siete metros de largo, era como una especie de vestido ancho, en una o dos piezas.
“Una característica particular de estos urkus es que no cubrían los hombros; entonces, los españoles, al ver, cierta parte del cuerpo descubierta, se escandalizaron, porque no estaban de acuerdo con este tipo de indumentaria, que era común en el contexto local andino”, relata Eyzaguirre.
Por ello, se comenzaron a innovar una serie de elementos como, por ejemplo, los topos (piezas elaboradas de un solo trozo de metal sin uniones mecánicas), que no dejaban al descubierto los hombros.
“Paulatinamente, esta imposición de moda se dio más o menos a partir de 1781, después de la rebelión de Túpac Katari, porque hasta esa época todavía las mujeres y los varones podían utilizar ropa tradicional”, señaló el antropólogo.
Al ser vestimentas anchas y como hubo la rebelión en ese periodo, los urkus también eran utilizados por algunas mujeres para “ocultar proyectiles de guerra y cosas por el estilo”. Entonces fue por ello, que se obligó a los indígenas a utilizar ropa más ajustadas y con características occidentales.
“Es como una primera etapa donde se ve la implementación de la pollera, pero en piezas locales, como los urku”, añadió.
Así como la pollera guarda una historia de profundas raíces, el sombrero, la manta y el calzado de la chola paceña también tienen un origen. Con el paso del tiempo, estas prendas evolucionaron al compás de las nuevas tendencias y los gustos de cada generación.
De la “chula” a la chola
La antropóloga y encargada del Museo de Arte Sacro “María Luisa Morales”, Elisa Rada, en contacto con el programa PICA, recordó que la “chula” española vestía una falda plisada, pantis de seda, botas de cuero, corsé y lucía un característico peinado y adornos.
“La vestimenta de la ‘chula’ se convirtió en lo que vendría a ser la chola”, afirmó.
Según la experta, en la antigüedad, la chola paceña vestía principalmente mantas bordadas a mano; sombreros Borsalino; botas de cuero, caña alta, con guatos y taco un tanto alto; y un chal sobre los hombros.
“Las cholas de la ciudad tenían la vestimenta característica con las botas; y las cholas del campo, que se dedicaban a la agricultura, al criado de ganado, tenían la vestimenta de bayeta”, recordó. Según relatos, éstas últimas utilizaban, y hasta ahora, las abarcas de cuero o goma por las tareas del campo.
Además, las joyas —como los collares, aretes y anillos— formaban parte esencial de la indumentaria de la chola paceña, ya que, además de realzar su elegancia, evidenciaban un “estatus social alto”.

























