El amor, esa compleja construcción hipotética que despierta cientos de conexiones, posibilidades e interpretaciones en nuestras mentes, es tema de estudio constante en el ámbito científico y psicológico. Contrario a lo que se ha romantizado en la cultura popular, el amor no reside en el corazón, sino en el cerebro, activando una compleja red de procesos químicos y neurológicos que nos hacen experimentar esta emocionante sensación.