La fe, ese concepto tan amplio y a veces mal entendido, tiene un lugar central en la vida humana, más allá de su connotación religiosa. Es un pilar fundamental que sostiene nuestras esperanzas, guía nuestras decisiones y nos da fuerzas para enfrentar la adversidad. La fe no solo se limita a la creencia en una divinidad, sino que se extiende a la confianza en los demás, en el futuro y en nosotros mismos. Es esa convicción profunda, a menudo irracional, de que algo es posible, de que podemos superar obstáculos, de que lo que buscamos tiene sentido y valdrá la pena.