
BITÁCORA DEL BÚHO
Siempre he creído que el enemigo principal de Evo Morales Ayma, es Evo Morales Ayma y, desde hace un par de años, también lo es de su propio partido.
Se ha convertido en una suerte de rey Midas al revés, todo lo que toca y dice lo convierte en miseria y en derrota, respectivamente.
A algunos hombres, decía Chesterton, los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro.
El próximo 21 de febrero se cumplen siete años desde que los bolivianos votamos en el referéndum constitucional en el que se le dijo “No” a la reelección de Evo Morales. Una lucha inclaudicable que se consolidó como un clamor ciudadano en defensa del voto democrático y la alternancia en el poder.
“El populismo es la democracia de los ignorantes. A veces sirve para sublevar contra problemas reales, pero no para solucionarlos. Busca revancha, pero no reforma”, sentencia el filósofo y escritor español, Fernando Savater.
¡Sí, mucho coraje y huevos!
Porque mientras existen proyectos, películas magistrales, guiones, premios internacionales, poca infraestructura y mucho talento, el Gobierno inservible, ciego e ignorante, siempre mira hacia el lado contrario de la cultura y del cine boliviano.
La historia de nuestro cine está forjada a mano, mejor, a combo y cincel. Se abrió camino pese a tiempos históricos adversos, casi nada de presupuesto y con un gigantesco signo de interrogación sobre la cabeza de los cineastas y guionistas.
Para el extinto comandante Hugo Chávez Frías, incluir a Evo Morales Ayma en su fatídico proyecto político bolivariano era imprescindible, altamente estratégico y fácil de lograrlo.
“Por encima de lo jurídico, es lo político (...), cuando algún jurista me dice: ‘Evo, te estás equivocando jurídicamente, eso que estás haciendo es ilegal’, bueno, yo le meto por más que sea ilegal. Después les digo a los abogados: ‘si es ilegal, legalicen ustedes, ¿para qué han estudiado?’” (Evo Morales)
“En este milenio es más importante defender los derechos de la Madre Tierra que defender los derechos humanos”. (Evo Morales)
A esa noche del 30 de junio de 1520 se le aparecen, con frecuencia, fantasmas grotescos, con penachos, lanzas y oro que encandila.
Son los ecos de los gemidos del dolor y la muerte. De las lágrimas de Hernán Cortés llorando la guadaña de la tragedia a manos de los mexicas, en Tenochtitlán.
Brota el llanto histórico de aquí y de allá, del pasado que se hace espejo enterrado en el presente y que se repite como el eterno retorno, una y otra vez.
¿“Es ésta la región más transparente del aire?
¿Qué habéis hecho, entonces, de mi alto valle metafísico?
¿Por qué se empaña, por qué se amarillece?
En Bolivia, desde hace 15 años, la política como discurso, poder y acción se ha convertido en un constante manoseo y juego de intereses perversos en beneficio de una élite de poder que, a su vez, ha creado otros sistemas paralelos al Gobierno central para impermeabilizar las acciones de facto del Ejecutivo y legitimar sus ilegalidades e inconstitucionalidades.

