Consuma lo nuestro
La campaña “Consuma lo nuestro, emplea a los nuestros” y el decreto emitido por Carlos Mesa, “Compro boliviano”, no ha sido secundado a plenitud por las autoridades gubernamentales (en los diferentes niveles), por las instituciones privadas y tampoco por la población en general. No hay una plena convicción de gran parte de los bolivianos acerca de la importancia de consumir productos fabricados en Bolivia y de esta manera generar empleo y reducir la pobreza.
Mientras miles de micro, pequeños y medianos artesanos, emprendedores y empresarios que fabrican diversos artículos luchan por sobrevivir, las personas con poder de decisión para licitar y adjudicar diversos bienes muebles, prefieren productos extranjeros, de baja calidad y por lo tanto durabilidad. Alimentos y bebidas, muebles de madera prensada y melamina, juguetes, ropa de vestir nueva o usada y adornos fabricados en otras latitudes se adquieren en desmedro de la mano de obra local. Se genera empleo y riqueza en otros países, perjudicando a los fabricantes nacionales, que día a día sufren no sólo el contrabando sino la importación legal que no tiene adecuadas restricciones ambientales y sanitarias.
Funcionarios del Gobierno central, gobernaciones, alcaldías, universidades e instituciones privadas a pesar de tener entre sus funciones el apoyo y generación de empleo, son los primeros en adquirir productos fabricados en otras latitudes, muchos de los cuales tienen un ciclo de vida corto, debido a la falta de repuestos de las partes más susceptibles de dañarse, el ejemplo más evidente son los muebles de madera prensada y melanina que en pocos años se vuelven obsoletos.
Colegios de arquitectos, universidades, y diversas organizaciones adquieren bienes diversos de manera automática, sin evaluar los costos y beneficios directos e indirectos (económicos, ambientales, sociales). Recibimos canastones en Navidad con variedad de chocolates, café, vinos y otros alimentos, hechos en Chile, Brasil u otros países. Se prioriza la cantidad en vez de la calidad y muchas adquisiciones se hacen de manera automática, sin evaluar su procedencia, calidad, durabilidad, impactos ambientales y efectos en la salud de las personas (en el caso de los alimentos).
Es verdad que muchos de nuestros productos no presentan variedad, seguridad de entrega en los plazos establecidos, o alta calidad, por lo cual es vital que las instituciones gubernamentales y educativas promuevan la capacitación en diversos niveles, dirigido a la mejora en los procesos y métodos de diseño, mejora en la fabricación y la comercialización. Hay necesidad de emular los resultados y avances que ha logrado la UPSA, al ser la única universidad en el país que tiene la carrera de Diseño Industrial. Es vital evaluar por qué los centros educativos siguen ofertando carreras ya saturadas y no implementan nuevas alternativas que permitan aprovechar mejor nuestros recursos naturales, como la madera, lana, arcilla, cuero y otros dispersos en todo el territorio nacional, y que hoy se venden como materia prima, en vez de productos con alto valor agregado.
Es importante que el Gobierno retome la Atpdea y otros convenios en beneficio de los fabricantes nacionales, sobre todo ahora que se han reducido sustancialmente los ingresos por concepto de exportación de gas, minerales, productos agrícolas y otros. Hay necesidad de iniciar un proceso de cambio en nuestros hogares destinado a modificar los hábitos de compra y consumo. Debemos exigir a nuestras autoridades gubernamentales y educativas que apoyen de manera sincera al fabricante nacional, que cumplan su rol: promover la capacitación para contar con diseños de alta calidad, mejorar los procesos productivos y de comercialización nacional e internacional e incentivar el consumo del producto boliviano.
El autor es arquitecto, docente y consultor independiente.
Columnas de GONZALO OROSCO ARCE



















