La emergencia humanitaria provocada por los dos terremotos que golpearon el norte de Venezuela el pasado 24 de junio ha abierto una segunda crisis, menos visible que la destrucción de edificios y la búsqueda de sobrevivientes, pero preocupante: la situación de miles de niños y adolescentes que han quedado expuestos a múltiples riesgos tras perder sus hogares, quedar separados de sus familias o verse obligados a vivir en refugios improvisados.