Estatuas desnudas
Se ven chistosas las fotografías de los corredores del Vaticano con cajas como encerrando refrigeradores recién comprados, que resulta que contienen estatuas romanas representando hombres y mujeres desnudos. Así fue durante la reciente visita del presidente iraní al Vaticano.
Pensar que esas estatuas son idolatría quizá sea comprensible para los adherentes a religiones iconoclastas. Que sean obscenas, es cuestión de perspectiva. Nosotros vemos tranquilamente esas estatuas desnudas, pero si una persona deambula así, en cueros, la carga la cana. En China, tradicionalmente ha sido un problema cambiarse de zapatos en público. Como soy prudente, prefiero hacerlo cerrando con llave el cuarto. En Japón se bañan desnudos en público sin hacer muchos remilgos. En Rusia una mujer desnuda en público no llama mucho la atención; en Estados Unidos, país de la libertad, si no es en una playa donde esté permitido, también la carga la cana. En esto ocurre como con los autos en invierno. Los autos americanos dejan de encender a -5º Celsius; los alemanes a -10º; los lapones, cuando hace -20º agarran a patadas a sus Ladas y encienden.
En 1943, Churchill se entrevistó en Cairo con el rey saudita Abdelaziz bin Saud, tan malvado como Hitler, pero que no estaba en guerra contra los británicos y además vendía petróleo barato. Saud hizo decir que en el banquete de ocasión no se debía fumar ni beber alcohol, porque su religión no lo permitía. Churchill le hizo decir que la religión de él le obligaba a consumir bebidas alcohólicas con las comidas y a fumar mientras comía. Hubo banquete de estado.
Pero los tiempos han cambiado y los reyes sauditas son ricos y poderosos, al punto que manejan a los gobernantes de las potencias a plan de coimas. Hace poco, el actual rey saudita tenía que visitar París, así que informó que en el banquete de ocasión no debía haber ni tabaco ni vino. A esto la opinión pública francesa levantó sus manos hacia el cielo, clamando: ¡Herejía! ¡Herejía! La residencia del presidente francés es el palacio del Elíseo, que está en uso desde el siglo XVIII y jamás se ha dado allí un banquete sin vino. Todo el honor de Francia sería mancillado por los abstemios. Y eso que actualmente en el Elíseo se sirven pocos platos y poco vino a cada comensal, durando banquetes de sólo tres cuartos de hora. En el siglo XIX se daba a escoger entre una treintena de tipos de comidas y no menos variedades de vinos, en banquetes que duraban cuatro horas. No era entonces extraño ni deshonroso que los comensales saliesen en estados avanzados, casi rodando. El honor de Francia se salvó, porque se canceló la visita del rey saudita y cuando luego visitó el presidente iraní, cálida recepción pero nada de banquete de estado.
Estos los protocolos. Pero a veces las motivaciones no son las aparentes. Posiblemente los iranios hubiesen criticado a las figuras masculinas en las estatuas grecorromanas del Vaticano, por sus armamentos reducidos.
El autor es escritor e investigador
Columnas de BERNARDO ELLEFSEN




















