¡Y le metieron nomás!
Evo, aunque la estocada final, que heriría de muerte a nuestra democracia debilitada e inestable ya estaba cantada, aún consideraba, con cierto recelo y prejuicio, que una chispa de luz en la decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional podía desviar la caída libre de tu gobierno y reencausar la cordura y el respeto al soberano que dijo NO el pasado 21-F a tu ambiciosa y antidemocrática pretensión de perpetuarte en el poder. Amanecimos de golpe y la decisión del TCP de romper el hilo delgado que soportaba el peso pluma de nuestra democracia nos hace caer en la cuenta de que pasamos, sin pena ni temor, a un régimen autocrático, único, donde tu voluntad se impone y la del pueblo es hecha añicos. Hay, pues, una consumación fáctica del poder sobre las instituciones y sobre los que tienen la tarea de definir los destinos democráticos de este país.
A partir del fallo del TCP, Bolivia ingresa a una nueva etapa histórica, donde su institucionalidad acaba por desmoronarse y sus escasos mecanismos de protección en contra de las arbitrariedades ya no tienen más consistencia. La soberanía del pueblo ha sido ignorada y se impone la voluntad única del capataz.
La opinión del pueblo ya no es la que cuenta ni la que influye sobre las decisiones, sino las de grupos de elite que son los encargados de manejar tu poder. Esas elites a las que llamas eufemísticamente, 'bases', y a las que les atribuyes "el mandato del pueblo".
"La democracia moderna no está amenazada por ningún enemigo externo sino por sus males íntimos. Venció al comunismo pero no ha podido vencerse a sí misma. Sus males son el resultado de la contradicción que la habita desde su nacimiento: la oposición entre la libertad y la fraternidad. A esta dualidad en el dominio social corresponde, en la esfera de las ideas y las creencias, la oposición entre lo relativo y lo absoluto. La democracia moderna resuelve la contradicción entre la libertad individual y la voluntad de la mayoría mediante el recurso al relativismo de los valores y el respeto al pluralismo de las opiniones". (Octavio Paz 1991)
Esa reflexión de lo absoluto y relativo en la democracia, corrobora que desde hace mucho tiempo, las decisiones que se toman en materia política, social, jurídica y económica en Bolivia, están en manos de sectores específicos en donde tu palabra y tu decisión son indiscutibles. En este país, donde no existe competencia política ni partidaria, la democracia relativa se esfumó. Ha sido desplazada por una absoluta o absolutista, que tiene la tarea de legitimar a las elites que se encargan de cambiar las ideas consensuadas, la realidad y la forma de administrar los destinos de este país.
A partir de ahora ya nada podría estar corroborado por la diversidad de opiniones, (¿en algún momento lo estuvo?) por esa democracia relativa en la que debe prevalecer los puntos de vista divergentes, el disenso como elemento articulador para hilvanar ideas y posibles soluciones y el inalienable poder que debe residir en el pueblo.
A hurtadillas, aún nos preguntamos si los bolivianos ya logramos ser protagonistas de nuestra democracia. Fuimos artífices, sin embargo, me temo que esa trayectoria todavía no posibilitó el robustecimiento de las bases democráticas. Porque definitivamente ese apuntalamiento no sólo lo debe garantizar el gobierno como estructura, sino, sobre todas las cosas, la sociedad como núcleo articulador, como corresponsable de ese protagonismo que forja el cambio.
Me considero un boliviano que tiene que cargar, a contrapelo, con las irresponsabilidades históricas de este y los anteriores gobiernos: sus exabruptos antidemocráticos y aversión a obedecer las leyes provocaron y provocan atropellos e injusticias.
Hay muchas formas de empobrecer a una nación, presidente Morales, las hay desde las más baratas hasta las más costosas. Las primeras, tienen el signo de la soberbia, la corrupción, la prebenda, la demagogia y el egoísmo. Las segundas, son artimañas que no dejan avanzar un paso, porque sencillamente no existe conciencia social ni política que contribuya hacia un fin colectivo, único y compartido. Son costosas porque toman de facto las conciencias de sus ciudadanos y las rifan. "Secuestran" la institucionalidad democrática e imponen voluntades, egocentrismos y caprichos. Se adueñan del futuro y creen que la perpetuidad forma parte de un bien común.
En esta Bolivia abigarrada, paradójica y diversa, presidente, no hay tragedia: todo se vuelve afrenta, y enfrenta el uno con el otro, el claro con el oscuro, el de abajo con el de arriba, el empoderado con el sometido, la verdad con la mentira y, sobre todas las cosas, lo legalidad con la ilegalidad.
Afrenta, esa que diluye sin disimulo los escándalos, lo antidemocrático y la violación a las leyes, hasta convertirlos en agua "filtrada" de la que todos, a sorbos, bebemos a diario.
Y así, con esa tu metodología y filosofía de gobernar "metiéndole nomás", hemos llegado a este punto crucial para los que creemos a rajatabla en la democracia, en la alternancia y la ley como instancia suprema de convivencia y administración. Este es un tiempo histórico en el que seguramente recordaremos oscuros pasajes de facto, en donde se desconocía por completo las decisiones del pueblo.
Felicidades, por dejar que la transparencia, la ley, la democracia y la voluntad popular reflejada el 21-F hayan perdido su valor esencial y se hayan transformado en instrumentos manipulables al servicio del poder.
Felicidades, por no respetar la decisión democrática de un pueblo. La victoria del NO, una vez más se ha convertido en tu revancha, y tu imposibilidad a razonar democráticamente y a otorgar legitimidad a una determinación del soberano, te impidieron acatarla y respetarla.
Libertad, lucha y derechos fueron las consignas de los revolucionarios de siglos pasados que se enfrentaron contra las monarquías para terminar con los gobiernos de los hombres y edificar con solidez, verdad y justicia el gobierno de las leyes. Las reglas sobre las cuales se asentaron los principios legales de un país fueron claras y contundentes. Desprender al gobierno del Estado y que, a su vez, la sociedad adopte una organización jurídica en la que pueda ejercer sus derechos y obligaciones. Limitar el tiempo en las coyunturas políticas para evitar la corrupción, distorsión de la institucionalidad y, desde luego, el desgaste de la democracia y la adopción de gobiernos absolutitas.
Esas consignas revolucionarias, presidente Morales, se cumplieron, y se lograron desbaratar gobiernos corruptos, totalitarios, que conducían a sus pueblos hacia la opresión y al mundo de la obediencia. Jamás dejaré de pensar que la historia es una gran espada de Damocles que pende sobre el cuello del mandamás.
El autor es abogado
Columnas de RUDDY ORELLANA V.
















