Evo: ¡Sálvense como puedan!
La ignorancia es atrevida y contradictoria. Evo ha dicho a sus seguidores en el Chapare que “la derecha mezquina no quiere la superación de los pobres (…) que tiene mentalidad capitalista y actúa sin programas sociales” porque se rige por el principio de “sálvense como puedan”. Tras esa arenga, marcada por un simplismo caricaturesco de izquierdas y derechas desdibujadas, Morales tomó el avión presidencial rumbo a La Habana, para reunirse con Miguel Díaz-Canel, flamante presidente de Cuba. Ocurría a la par que Vladimir Putin ratificaba la voluntad de fortalecer los vínculos de cooperación rusa con Cuba y Venezuela. Se configura geopolíticamente un mal remedo desideologizado de tiempos de la“guerra fría”.
Paradójicamente, Evo recurre al “sálvense como puedan” cuando en la Isla y en Venezuela el éxodo de nunca acabar de miles de cubanos y últimamente de venezolanos es señal de desesperación y desencanto. De acuerdo a cifras oficiales cerca de 660 mil cubanos emigraron desde la llamada “Crisis de los Balseros” en 1994 hasta el 2015. Para otros, el régimen maquilla las estadísticas bajo la figura de “repatriados temporales” que buscan tomar un respiro tras los sacrificios a los que se somete patrióticamente al pueblo cubano. La referencia a este evento caribeño no es casual, resulta ser la cereza de una torta cuyos ingredientes, en el contexto mundial y nacional, cierran 15 días con más miedos que certidumbres.
El “Sálvense como puedan” vale para todos. Las bravuconadas del líder coreano y del impredecible Trump; la fría ambición imperial de Putin y de una China cuya cooperación no duda en hipotecar y someter solapadamente a países en la región así lo confirman. Que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no funcione, que Siria siga en guerra civil bajo la injerencia de una potencia y el recelo de otras, que suníes y chiitas se maten en nombre de Alá, hacen del mundo un campo minado que explosiona de tanto en tanto y sin fecha de vencimiento.
Contradictoriamente, el Presidente dijo lo que dijo al recordarse los 24 años de puesta en marcha de la ley de Participación Popular, la reforma redistributiva y democratizadora más radical en favor de la población más empobrecida del país al asegurar la articulación de territorios postergados y vacíos de Estado. Habló de insensibilidad en el centro de producción de la materia prima destinada al narcotráfico y cuando Bolivia confirma su condición de reino de la informalidad y del contrabando.
Hay razones para preocuparse. El desbande de seis países de la Unasur no parece contribuir a recuperar la sensatez perdida en Venezuela. La soledad creciente de Evo en un nuevo entorno regional no parece sosegar su estridencia discursiva y autoritaria.
La discrecionalidad clientelar con la que dispuso de bienes públicos a favor de la dirigencia de una COB domesticada y la insólita propuesta de reconocer al Conalcam estatus de Consejo de Estado lo pintan de cuerpo entero: un autócrata que se estornuda en los derechos individuales y colectivos de la ciudadanía y niega el valor del pluralismo y la independencia sindical. Inclinación profascista revelada.
Un autócrata sin reparos para endilgar la responsabilidad a exvocales del órgano electoral por la violación flagrante de los derechos políticos de disidentes que obstaculizaban su proyecto de poder. A propósito del reciente fallo de Naciones Unidas a favor de los “librepensantes”, ¿podrá éste alertar a las autoridades del órgano electoral sobre los riesgos de someterse a los dictados de un poder centralista, caudillista decidido a perpetuarse en el poder?
No seamos ingenuos, temo que no habrá espacio para la reconducción de un régimen extraviado en el laberinto de miedos, delirios faraónicos y corrupción desbordada. Lejos de moderarse, la paranoia antiimperial lo envalentona. La confrontación al límite es su juego. Por eso y mucho más, hay razones para comprometerse con el salvataje de la democracia y la dignidad nacional, dignidad que no es patrimonio de Evo ni de sus amigos para liberarnos así del “sálvense como puedan”.
La autora es psicóloga, cientista política, exparlamentaria.
Columnas de ERIKA BROCKMANN QUIROGA















