Evo Morales, espejo político de la subversión
La palabra “subversivo” proviene del latín subversum, supino de subvertĕre, que significa “subvertir”. En consecuencia, subversivo es aquello que se propone o que es capaz de subvertir un orden establecido de índole política, social o moral. También, desde luego, se entiende como subversivo aquello que pretende alterar el orden público o la estabilidad política de una estructura de Gobierno o Estado.
Obviamente, en esa intencionalidad teórica o práctica, existen personas, ideas, movimientos y agrupaciones que tienen como finalidad derrocar estructuras de autoridad y de orden establecidos y subvertir valores y principios éticos, políticos, culturales y sociales sobre los cuales se edificó todo un sistema de gobierno.
La trayectoria política de Evo Morales Ayma como dirigente cocalero antes de asumir la presidencia, durante sus 14 años de gobierno y su posterior huida del país, lleva como esencia inequívoca una definición clara en su núcleo de acción: la subversión como método de lucha para alcanzar el poder.
Bolivia, que históricamente acunó la bipolaridad partidista y el caudillismo en su cúspide, con Evo Morales, se enfrentó a componentes mucho más nefastos y letales que deterioraron, paulatinamente, el sistema democrático y el orden social como herramientas para conducir al país hacia un propósito.
Evo y su movimiento social, no solo reivindicaron e instituyeron el partido único, el caudillismo como forma de imponer el orden y el control absolutos a sus leales, sino también, transformaron todo ese esquema subversivo en un “modelo” político y económico que hasta ahora continúa vigente. Subvirtió el orden y los conceptos clásicos de sociedad, ética, política, revolución, desarrollo, verdad, libertad, cultura, gobierno y Estado y, desde esa posición, vendió la idea de ser un personaje insustituible y casi una vaca sagrada.
Si en política, la ética y la moral son conceptos peregrinos o, cuando menos, ofrecen, amablemente, la opción de suprimirlos o ignorarlos, con Evo Morales esos conceptos se afianzaron rápidamente en sus altos mandos, medios y bajos, sectores sociales, para el léxico masista. Estos últimos, encargados de hacer los trabajos sucios que todo caudillo autoritario acoge como regla de oro para preservar su investidura, su gobierno y su poder.
“Las injusticias se deben hacer todas a la vez a fin de que, por probarlas menos, hagan menos daño, mientras que los favores deben hacerse poco a poco con el objetivo de que se aprecien mejor”, aconseja el delicado y exquisito Maquiavelo.
Las politiquerías del masismo eran paridas siempre en esa dirección. Acaso, por eso mismo, la figura y el legado insurrecto de Morales se mantienen vigentes hasta la fecha.
Las declaraciones subversivas de Evo desde territorio tanguero, las instrucciones subyacentes dirigidas a sus sectores sociales, el llamado al caos, al desorden y a la desobediencia, el desafío de poder de la Asamblea Legislativa Plurinacional con mayoría masista, la intransigencia de los leales al caudillo, las acusaciones, las agresiones, los bloqueos, la violencia, los ataques a buses en los que iba personal médico, y la constante conspiración para que el Gobierno transitorio de la presidenta Jeanine Áñez caiga son absolutamente vinculantes al próximo Gobierno. Es decir, esta coyuntura de constante red de conspiración debe ser el espejo en el que se mire el próximo presidente del país.
Todo lo que Evo y el masismo cocina, ejecuta y subvierte ahora, se replicará, con mayor fuerza, en la próxima coyuntura y así, hasta que el caudillo tenga el camino expedito, trabajado y allanado por sus huestes, y pueda retornar a su trono.
En Bolivia no hay tragedia, todo se convierte en afrenta, en conspiración para que el jefazo retorne libre de culpa. La ley promulgada por la presidenta del senado, Eva Copa, que convoca a elecciones en un plazo no mayor a 90 días es, desde todo punto de vista, anticonstitucional, arbitraria y abrupta, porque atenta contra la salud de todos los bolivianos, incluyendo a los masistas, en plena emergencia sanitaria por la Covid-19.
Está claro que al fugado, Evo Morales Ayma, le interesa un sorete la vida y la salud de los bolivianos, en consecuencia, los últimos acontecimientos protagonizados por leales al exhombre fuerte, desvelan un interés claro de crear caos y descontrol social al mejor estilo de su mentor. Al final de cuentas, gracias a esos métodos, la bestia llegó al poder y se mantuvo 14 años perfeccionando las artes de la subordinación y la sedición.
Como están las cosas, la actual presidenta tiene la obligación de gobernar, garantizar y legar una estabilidad social y política en tiempos de pandemia.
El escenario es complicado y desalentador, sin embargo, creo que debe asumir una posición mucho más rígida y taxativa. Desactivar la bomba que dejó el huido y sus altos colaboradores que, por mucho, aún marca el paso de la conspiración y la subversión. El MAS todavía tiene importantes tentáculos de poder. A la sombra de esos, la estabilidad política, social y democrática aún está a merced de los sediciosos. Hay un silencio preocupante de parte del Gobierno, una actitud complaciente de dejar hacer, dejar pasar. A todo eso se suman sus más recientes desaciertos que complican más la posición de Gobierno transitorio.
Este es el momento de garantizar un futuro democrático y estable para Bolivia. La responsabilidad es de la presidenta Áñez. Debe eliminar el virus de la corrupción, de la prebenda, de la desestabilización por encargo y de la constante conspiración política y social del evomasismo. Los feudos que institucionalizó el jefazo, deben ser erradicados, bajo riesgo de un inminente y peligroso retorno del abominable hombre de las artes oscuras de la corrupción.
La pandemia dejo mudos a todos los postulantes a la presidencia. Hay, pues, un solapamiento indirecto y una inacción bestial.
Carlos Mesa, que como candidato sigue siendo un excelente analista político, de un tiempo a esta parte su silencio y su ambigüedad con respecto a las fechorías del MAS y las declaraciones de Evo son preocupantes y dan un mal presagio de lo que podría ser su gobierno si asumiera la presidencia. Su postura es maniquea, más allá del bien y del mal, diría yo.
¡Mesa es el alter ego de Mesa!
Evo y su fiel espejo de la subversión está MÁS vigente que nunca, ignorarlo sería un grave error, sobre todo en esta coyuntura transitoria y en medio de la pandemia que ha hecho del masismo un perfecto caldo de cultivo para seguir nutriendo lo que mejor saben hacer: subvertir el orden y la institucionalidad democrática por encima de los más altos intereses de la patria y de los bolivianos. Después de todo y siguiendo los gentiles consejos de Maquiavelo: “Puede combinarse perfectamente el ser temido y el no ser odiado”.
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.


















