Epidemia de idioteces
El sábado por la noche, parte de la gente que habita este vergel devenido en desierto, reportó haber visto una seguidilla de objetos voladores no identificados (Ovnis).
Informativos serios y presentadores que precian de serlo reportaron con “imágenes desde el lugar de los hechos” que se tratarían de naves provenientes del espacio exterior.
Junto a sus reportes, Facebook mediante centenares de seguidores acusaron el haberlos visto y no sólo eso, sino que argumentaron que se trata de seres alienígenas que vienen a conquistarnos.
Hasta ahí puede sonar a broma. Cuando se explicó, en otros portales y otros informativos, que las luces en el cielo fueron una seguidilla de satélites, los famosos StarLink, impulsados por la empresa SpaceX de Elon Musk, no faltaron quienes apuntaron que desde allí se transmitirá la tecnología 5G y junto con ella el coronavirus que provoca Covid-19.
Otros hechos, con opiniones desproporcionadas, suceden diariamente. Quizás no reciben la cobertura informativa correspondiente, porque estamos tan acostumbrados a ellos que nos parecen normales. Dejaron de ser titulares para convertirse en noticias de segunda o tercera tanda.
Por ejemplo: Cochabamba está secuestrada por una banda de maleantes que cada cierto tiempo cierran el ingreso al botadero de K’ara K’ara, so pretexto de que sus demandas deben ser atendidas. Hemos llegado a un punto de idiotez tan extremo que ahora la alcaldía, a cargo de la gestión de los desperdicios, negocia con ellos entregándoles la documentación que avala las ofertas que se hace a este grupo de “autoconvocados”.
Hemos olvidado por completo cómo se debe gestionar la basura. Preferimos el hueco en el suelo y meter ahí cuanto deshecho tengamos, en lugar de hacer algo coherente con la basura. Hace un cuarto de siglo, a Mauricio Méndez Roca, cuando fue candidato para alcalde, se le ocurrió un buen plan. Levantó datos fehacientes. Habló con la verdad y se amparó en el conocimiento científico para su propuesta. Nadie le hizo caso.
Veinticinco años después, pero en otro escenario, se ha aclarado que los ovnis no son tales, sino una futura red de satélites que “llevarán” Internet a todo el planeta.
Pocos prestan oídos a la ciencia, que espera, sentada pacientemente, a que la bola de idiotas aferrados a sus creencias finalmente le haga caso y abandonen supercherías tan taradas como que consumir patas de arañas hace crecer las pestañas.
Sin embargo, como dice el psicoanalista Gustavo Dessal: “¿a quién le importa la verdad, cuando es tan gozoso ser idiota?”.
La autora es Premio Nacional de Periodismo Especializado en Banca
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