Liberen a la wiphala

Columna
Publicado el 28/09/2021

Es discutible si la wiphala es un símbolo de la identidad de las culturas originarias de occidente en Bolivia. Hay tejidos prehispánicos en los que se puede advertir ese diseño como parte de piezas —chuspas en algunos casos— que incluyen otras formas, pero su uso como bandera tiene más bien antecedentes coloniales. Lo que no ha quedado claro hasta hoy es cuál era su significado original.

En todo caso, la referencia histórica viene a cuento a propósito del debate que se suscitó en los actos centrales de la efeméride cruceña del 24 de septiembre pasado. El Gobierno acusó a la gobernación de Santa Cruz de haber impedido la iza de la wiphala y el ejecutivo departamental aseguró que ese acto no estaba consignado en el protocolo definido previamente. Y no solo eso, también se dijo que en realidad el que llevaba la bandera en el bolsillo era el ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, quien durante la ceremonia, como si se tratase de un as bajo la manga, cogió el emblema y se lo pasó al presidente en ejercicio, David Choquehuanca, consciente de la polémica que podría generarse.

El problema no es que se respete o no un símbolo, sino el uso que se le da como parte de la trama oficial. Es natural, además, que cuando una bandera reemplaza los emblemas regionales (patuju, flor nacional desde 1990), genere cierta resistencia o por lo menos un reclamo de respeto hacia la identidad local, porque a fin de cuentas la wiphala no representa al indígena de la amazonia boliviana.

Si, como algunos dicen, la bandera tricolor y el escudo fueron símbolos impuestos en los inicios de la República, puede afirmarse lo mismo de la bandera multicolor indígena, que forma parte desde hace poco más de una década de la iconografía patriótica.

La wiphala pudo haber tenido una historia diferente y menos polémica, de no haber sido porque el gobierno del MAS la utilizó siempre como un símbolo de polarización racial y regional. La bandera de los indios contra la de los blancos o mestizos, de los t’aras frente a los k’aras, de los pobres frente a los ricos. Perdió así su probable raíz de connotación identitaria y se transformó en una suerte de pendón de guerra interna.

Como en las antiguas batallas, la bandera se convirtió en el símbolo de la victoria de unos sobre otros y en el de la conquista de un espacio territorial. De su uso decorativo original y prehispánico, la wiphala devino pendón colonial y una suerte de insignia partidaria.

A la diversidad polícroma le siguió un predominio del azul. Es la otra bandera del MAS o de algunos sectores indígenas afines a esa línea. Es el disfraz con el que se participa de la fiesta de la inclusión, y el escudo detrás del cual se esconde una visión de poder. Es la vocación indigenista gubernamental reservada para quechuas y aimaras, pero excluyente respecto de otras identidades, como las que hoy marchan contra la destrucción de sus territorios o que hace años lo hicieron en rechazo a la construcción de una carretera por el corazón del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (Tipnis).

No hay el mismo trato para un indígena que para otro, no solo en un escenario de tensión entre regiones, sino al interior mismo de occidente, donde el cultivador de coca tradicional de los Yungas, no goza de las mismas consideraciones que el cocalero del Chapare, sencillamente porque el Gobierno no tolera discrepancias al interior de su principal movimiento de sostén político y social.

Como el “patria o muerte” o el puño en alto, para el Gobierno el saludo a la wiphala expresa la adhesión a un proyecto político y no a una nueva cultura inclusiva de respeto a la diversidad étnica del país. En ese sentido, no es un símbolo nacional, sino uno de dominación. La resistencia a su uso se explica así, no como un acto discriminatorio o racista, ni siquiera como la forma de establecer una delimitación regional, sino como la afirmación de una diferencia y/o discrepancia política.

La wiphala es una bandera rehén. Fue capturada en los archivos imprecisos de la historia para crear un sentido de pertenencia y, de paso, plantear una frontera entre culturas e identidades: los de aquí y los de allá, los originarios y los foráneos. Lejos de constituir un símbolo de unidad o de un origen común, se manipula su significado de manera que puede ser descifrado como el origen de una forzada reivindicación sólo superada con la desaparición o el sometimiento del adversario.

Hablar de un ultraje a la wiphala es artificial, interesado y esencialmente político. Es el capítulo II de una historia que arrancó en noviembre de 2019, cuando grupos supuestamente vinculados al actual gobernador de Santa Cruz fueron acusados de quemar esa bandera. De manera similar, casi dos años después, pero esta vez en la plaza central de la capital cruceña, se repite el ritual de ofensores y agraviados al que se apela reiteradamente para sustentar la narrativa oficial.

Esta no es una controversia que involucre ni lejanamente a los indígenas y, en el fondo, tampoco tiene que ver con lo que significa propiamente la wiphala, ni con la actitud de los habitantes de origen diverso del oriente boliviano hacia el mundo andino. Es parte de la guerra discursiva impulsada por el MAS: la apelación emotiva que nubla la aproximación racional a otros temas, como la persecución política, el hostigamiento a los medios de comunicación y la represión de movimientos sociales críticos, entre otros aspectos que muestran la profunda fragilidad de una democracia bajo acoso permanente.

La wiphala rehén parecería flamear en ayuda del Gobierno, cuando arrecian las críticas por los juicios fraguados contra alcaldes elegidos por voto popular, por el trato inhumano que reciben exautoridades de Estado detenidas preventiva e indefinidamente y cuando la mención de la palabra “golpe” en foros internacionales suscita más críticas e incredulidad, que respaldo.

La idea es volver al origen, a la primera controversia, al detonante que motivó las movilizaciones de noviembre de 2019 en El Alto, a la bandera supuestamente mancillada que enervó los ánimos colectivos y promovió la idea de revancha que hoy define la lógica de la historia oficial.

Por eso es urgente liberar a la wiphala de las ataduras políticas, devolverle el color original y convertirla en un símbolo de coexistencia entre culturas diversas, no en un estandarte de ocupación y venganza.

 

El autor es periodista y analista

Columnas de HERNÁN TERRAZAS E.

05/08/2026
Cuando Gonzalo Sánchez de Lozada llegó al gobierno en 1993 realizó un profundo cambio en la organización del Poder Ejecutivo. Creó tres superministerios –...
28/07/2026
Después de una sucesión de advertencias, planteadas prácticamente desde el inicio de la gestión del Gobierno de Rodrigo Paz, finalmente Samuel Doria Medina...
21/07/2026
Con el pitazo final del árbitro esloveno en la final de la Copa del Mundo, llegó a su fin también el "período de gracia" para el Gobierno de Rodrigo Paz. Ha...
14/07/2026
El principal desafío del Gobierno de Rodrigo Paz en los próximos meses será reconstruir la relación con la base política y social que hizo posible su llegada...
07/07/2026
¿Hacia dónde va el Gobierno? Hasta ahora, y a pesar de las lecciones que dejó el conflicto social, no hay nada nuevo al respecto. Si la necesidad era...
  •  

Más en Puntos de Vista

08/10/2026
SURAZO
JUAN JOSÉ TORO MONTOYA
08/10/2026
08/10/2026
08/10/2026
En Portada
El grupo SAR Bolivia informó que al promediar las 12:30 se recibió un reporte de otra nueva reactivación del incendio forestal en la zona de la serranía del...
Tras reportarse el asesinato de un hombre en un taller cerca del zoológico, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, la abogada Blanca Mercado informó que la...

Sería la única de la región con ese pronóstico negativo, según el último informe de perspectivas del organismo económico mundial.
La decana de ese tribunal explica que no hay cómo realizarlos porque faltan las normas necesarias para que los procesados puedan apelar a una segunda instancia.
El pago comienza el lunes 26 de octubre. Los beneficiarios recibirán 300 bolivianos, 100 más que en años anteriores.
Johan Guzmán Parada, de 26 años, fue asesinado a tiros este martes 13 de octubre dentro de un taller de motocicletas ubicado en inmediaciones del tercer anillo...

Actualidad
La decisión se tomó tras valorar los informes médicos que justificaron su inasistencia a una audiencia. La investigada...
"Tenemos que descentralizar también el Ministerio de Gobierno”, planteó el gobernador de Santa Cruz.
Pobladores de Larecaja chocaron con cooperativistas por conflictos relacionados con la explotación minera.
Las manifestaciones se concentraron en París, aunque también tuvieron lugar en otras ciudades del país, con cifras que...

Deportes
La Selección Boliviana de fútbol volverá al estadio Hernando Siles, de La Paz, anunció ayer el presidente de la...
Hugo Dellien, vigente campeón del Bolivia Open, torneo de nivel Challenger 75, debutó con victoria en la defensa de su...
La temporada presente del fútbol boliviano marca un récord en el cambio de directores técnicos, ya que todos los clubes...
Todo hacía parecer que el empate de 0 a 0 estaba sellado, pero apareció un ataque profundo de los locales y Hugo Rojas...

Tendencias
Hans Robert Lange Rodríguez hizo historia al convertirse en el primer chef de origen boliviano en recibir una estrella...
Los Llanos de Moxos, conocidos localmente como las sabanas del Beni, son uno de los puntos de parada más concurridos...
Entre los bosques del Beni se esconde una rareza excepcional de la fauna boliviana: dos pequeños monos que no existen...

Doble Click
Este martes 13 de octubre a las 20 horas, en el Salón Adela Zamudio de la Feria Internacional del Libro de Cochabamba.
El elenco cruceño Chakana Teatro conquistó tres galardones en el trigésimo quinto Festival Nacional de Teatro Peter...
La semana cultural número 42 del año presenta una cartelera diversa con actividades literarias, musicales y...
La quinta edición de la Bienal Internacional de la Acuarela Kipus-Bolivia En el corazón del corazón reunirá a 100...