43 años de democracia
El 10 de octubre de 1982, quedaba atrás un ciclo de casi 18 años marcados por el autoritarismo, la sistemática violación de los derechos humanos y la conculcación de todas las libertades civiles, sociales y políticas.
Durante esas dos décadas infames, todo estaba prohibido, salvo apoyar al régimen de turno, cuyo titular vestía botas y uniforme.
Han pasado ya 43 años del hito histórico del 10 de octubre de 1982, cuando Hernán Siles Zuazo juraba cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes desde la Presidencia de la República.
A partir de ese momento, se abrió una etapa en la que fue necesario construir instituciones, pues los militares habían manejado el país como si se tratara de un cuartel.
La economía estaba en ruinas y no existían entes responsables del manejo de los diferentes campos de la actividad nacional, salvo las imprescindibles que, como la minería, daban sustento al erario nacional.
Fue como comenzar de cero y si se suma ese fenómeno a la despiadada –y mayoritaria– oposición conservadora y con fuertes nexos con el entonces reciente pasado dictatorial, la principal víctima del descalabro económico fueron los bolivianos y no el Gobierno de la Unidad Democrática y Popular, que muy pronto quedó destrozado, a tal grado que Siles Zuazo debió renunciar un año antes del fin de su mandato.
Fue la primera demostración de que la democracia, como sistema político, había llegado a Bolivia para quedarse por encima de amenazas y crisis de todo tipo.
Después vinieron la grave enfermedad terminal que obligó a la renuncia de Hugo Banzer y el traspaso constitucional a Jorge Quiroga; la gravísima situación política que generó la fatal convulsión de octubre de 2003 y la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada, con la asunción legal de Carlos Mesa a la presidencia; su renuncia para que sea el entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé, quien asuma la conducción del Estado, y la entrega del mando a Evo Morales el 22 de enero de 2006.
Luego tuvimos una nueva Constitución, al tercer año del largo régimen masista, cuyo desgaste se aceleró con el desconocimiento del referendo del 21F, la corrupción y el derroche de los recursos de la bonanza económica.
La convulsión poselectoral de octubre-noviembre de 2019, la renuncia de Morales, el Gobierno transitorio, las elecciones de 2020 y la gestión de Luis Arce –marcada por su carencia de apoyo parlamentario resultante de la división del MAS–, y las elecciones de agosto de este año, son los hitos de los últimos seis años de nuestra historia democrática que hace dos días cumplió 43.
Es un recorrido que evidencia la adhesión plena de los bolivianos a la democracia como opción política para decidir nuestro destino de país.
Es una opción que construimos enfrentando las crisis que nos afectan y que en una semana estrenará una práctica cuyo resultado tendría que fortalecernos.


















