Francia, una alerta
Las protestas estudiantiles que comenzaron en Francia y se comenzaron a irradiar a varios países de Europa, como Portugal, revelan el deterioro económico que enfrentan los países en todo el mundo y son el eco de millones de jóvenes que se sienten defraudados por la falta de oportunidades, que les permitan sobrevivir y cubrir necesidades tan básicas como un techo.
Las imágenes de jóvenes, colegiales y universitarios, quienes se enfrentan con la Policía en las plazas y calles emblemáticas de las ciudades francesas son una expresión de los reclamos por la mala calidad de la educación; pero, también, un termómetro de la situación social y política que enfrentan las grandes potencias ante la caída de sus ingresos, el aumento de su deuda y la sombra de las guerras entre Ucrania y Rusia y en Medio Oriente.
Históricamente, Francia ha marcado los cambios sociales en el mundo. La Revolución Francesa (1789) logró avances en la participación política con la proclamación de la Derechos del Hombre, entre los que se destacan los ideales de la libertad y la igualdad ante la ley. Hoy, lo que ocurre en Francia repercute en el resto de Europa como un referente que busca lograr la igual en la educación, pero además se enfoca en llamar la atención sobre el encarecimiento de la vida, la edad de jubilación y el impacto del costo de los combustibles sobre todas las actividades.
El conflicto ha desbordado a la Policía y ha provocado que se dicte el toque de queda para contener las manifestaciones por la falta de presupuesto de las escuelas públicas. Sin embargo, las medidas difícilmente apaciguarán el malestar que nace del deterioro económico.
A ello se suma que “Francia no es la única economía avanzada que ha visto crecer su deuda en los últimos años. Al comenzar la presente década, gobiernos en todo el mundo se endeudaron masivamente para sostener la economía en medio de la pandemia del Covid-19”, publicó la BBC.
El eco de las protestas ha traspasado las fronteras de Francia, porque lo que se discute es el tipo de sociedad que se podrá sustentar en los próximos años, cuando las personas difícilmente accedan a una educación que los prepare para el futuro y no puedan cubrir ni un alquiler y solo le queda acampar donde puedan.
Los conflictos en Francia no son una excepción; sino, que son un espejo donde muchos países se pueden ver reflejados debido a que la educación ha dejado de ser el centro y crece la corriente de reducir el presupuesto o derivar esta responsabilidad a instancias con menos posibilidades de sustentar una transmisión de conocimientos de calidad.
Difícilmente, la situación en Europa se revolverá con toques de queda, sino con medidas sociales y económicas que atiendan las demandas más urgentes y construyan una sociedad más justa y con más oportunidades para todos y, particularmente, para los jóvenes



















