Valorar la democracia
En un tiempo en que Bolivia pasa por un momento de alta conflictividad con pedidos de renuncia del presidente y la polarización política es parte de nuestro día a día, el valor de la democracia puede parecer un concepto abstracto y lejano. Sin embargo, es justamente en ese tiempo en el que debemos recordar que la democracia no es una concesión, sino una conquista de la sociedad que costó vidas y libertades.
Hay que tener en cuenta que para que millones de bolivianos se expresen libremente en las urnas, como en las recientes elecciones, fueron necesarias casi dos décadas de lucha, dolor y desaparecidos en las dictaduras.
Ese ejercicio democrático que hoy puede parecer normal es el resultado de un proceso histórico muy doloroso. El ciclo de las dictaduras, de 1964 a 1982, hizo que el país viva bajo regímenes militares, en los que se gobernó de facto sin Constitución, con persecución política, exilio de líderes y opositores. Entre los periodos más oscuros se encuentran el golpe de René Barrientos y las dictaduras de Hugo Banzer Suárez y Luis García Meza.
En ese tiempo la resistencia ciudadana y la defensa de los derechos democráticos permitieron la recuperación de la democracia en Bolivia. En este proceso fue clave la lucha de las mujeres mineras quienes bajo el liderazgo de Domitila Chungara allanaron el camino para que hoy en día los bolivianos vivan en democracia, claro, con sus imperfecciones y cuestionamientos; pero, con la posibilidad de poder elegir a sus gobernantes y de expresar libremente sus ideas.
Quizá por eso, los bolivianos que no están inmersos en los conflictos reaccionen con cautela cuando se hacen pedidos de interrumpir el periodo democrático. Siempre dejan en claro que no defienden a una persona, sino a la democracia.
Esos bolivianos que se han mantenido al margen del conflicto, pero han vivido las consecuencias hasta quedarse con los bolsillos vacíos dicen: “Queremos cuidar la democracia”.
El conflicto de mayo representa además una nueva prueba para la democracia boliviana. Si bien el derecho a la protesta es legítimo y está garantizado por la Constitución Política del Estado, puede convertirse en un riesgo cuando las demandas buscan quebrantar el sistema democrático, por lo que la colectividad está comprometida a cuidar la democracia. Sin embargo, es importante trabajar en promover mayor tolerancia, reencuentro y empatía entre los bolivianos para dejar de enfrentarnos entre nosotros.
El conflicto de mayo es una llamada de atención para que las autoridades gobiernen para todos y tengan una mirada nacional, todos sus actos son observados por la población y serán juzgados por la historia.
Cuidar la democracia también es que el Presidente respete la institucionalidad por más incómoda que sea. Cada autoridad que llega electa por el voto representa a los bolivianos y está ahí para ser su voz. El gobernante de turno además debe cumplir lo que promete y no defraudar a sus electores. De eso se alimenta la democracia: de la confianza.



















